EL SATANISMO

En cualquier parte del mundo podríamos encontrar sectas dedicadas a rendir culto al príncipe de las tinieblas, a Satanás.

Por muy increíble que esto pudiera parecer, se trata de una terrible realidad que está haciendo un gran daño en los lugares donde ocurre, por cuanto muchos de los seguidores de Lucifer hacen galas de su absoluta falta de escrúpulos y se dedican a honrar a "su señor" con aquello que saben le gusta más: el mal.

No podía ser de otra manera, ya que los admiradores de Satanás no pueden menos que estar a la altura de aquel que es, por voluntad propia, su padre.

Cristo acusó a los dirigentes judíos, que lo hostigaban con sus preguntas capciosas, de tener por padre al Diablo, "el padre de la mentira". Hoy en día este dudoso honor hay quienes lo desean para sí.

Por supuesto que nada tendríamos que decir si esas personas se dedicaran, única y exclusivamente, a rendir un culto privado a quien es, en realidad, "su dios".

El problema estriba en que su actividad pasa, casi por necesidad, a ser abiertamente delictiva, con lo que entran en confrontación con las leyes y con las armónicas relaciones entre los miembros de la comunidad.

EL PODER

Los jóvenes parecen ser los más proclives a dejarse engatusar por esta especie de religión, llevados de la mano de los "ídolos" del momento, que en sus canciones hacen mención del Diablo y no precisamente para rechazarlo.

No es de extrañar que esto suceda, porque de suyo la juventud es una edad de encrucijada, donde cada individuo tiene no solo la oportunidad, sino hasta la obligación de definirse en la vida, y muchos no cuentan con un hogar que los haya formado y preparado para este momento crucial, y otros se encuentran semi-perdidos por la atracción de los vicios, en especial las drogas.

Hay, por lo visto, una cierta relación entre drogas y satanismo, lo que no es nada raro, pues los adictos a las primeras casi siempre quedan con su voluntad bien averiada, en dificultades para presentar batalla a cualquier desafío serio que pudieran enfrentar en la vida.

VIOLENCIA Y SATANISMO

Una de las características del culto a Satán es la violencia desenfrenada, muchas veces relacionada con el sexo, aunque también con el raro placer de gozar ante el sufrimiento humano.

Esto, que ya se conocía como "sadismo", parece ser un elemento frecuente en el culto al "principe del mal", lo que tiene sentido, por cuanto todas las formas posibles de hacer daño tienen que ser agradables a quien ya se sabe irremisiblemente perdido y pretende llevar a la perdición a cuantos seres humanos pueda.

El seguidor de Satanás cree que rindiéndole culto conseguirá a cambio poder, dinero, placeres y mil ventajas más. Esto no es nada nuevo. En el Evangelio vemos que el Diablo tentó a Jesús de la misma manera.

Llevándole a un monte elevado le presentó todos los reinos y riquezas del mundo y le dijo: "Todo te lo daré si te arrodillas y me adoras". Cristo nos enseñó a renocer la mentira satánica y a rechazar categóricamente la falacia de que con Satanás podemos conseguir alguna cosa buena. El nada tiene para darnos como no sean falsas promesas o un lugar en el infierno.

LA IRRACIONALIDAD DEL SATANISMO

Adorar a Satanás es una forma irreal de conseguir lo que anhelamos. Pero sabemos que muchas personas quieren conseguir, en este mundo, lo que jamás podremos lograr totalmente mientras aquí nos encontremos: la felicidad.

Precisamente porque andan buscándola por caminos equivocados, como las drogas, el libertinaje sexual, el dinero o el poder, son muchos los que se han colocado, de hecho, en el camino de la adoración a Satanás. De ahí a profesar un culto abierto al siniestro "príncipe de las tinieblas" no hay más que un paso.

Todo el que anda loco buscando las maneras de independizarse de Dios para poder hacer lo que le dé la real gana, sin compromisos ni escrúpulos, se encuentra entre los que adoran a Satanás aun sin saberlo.

Hemos de estar prevenidos, pues, y debemos prevenir a los que están bajo nuestra responsabilidad, especialmente a los hijos. Pero no con sermones sobre el Diablo, que podrían ser contraproducentes, sino ofreciéndoles un hogar que lo sea de verdad, donde Dios ocupe el lugar prominente, y donde el amor es algo que se vive sinceramente, incluso en los pequeños detalles de cada día.

Nos dice san Pablo: "Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno" (Efesios 6,16).

Y san Pedro: "Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanlo firmes en la fe" (5,8-0).

SATANÁS EXISTE

Algunos dicen que el mayor engaño que ha logrado Satanás es el de hacer creer que no existe, para que así se le pierda todo miedo, como una entelequia inventada por personas timoratas o un espantapájaros totalmente inofensivo.

Si así fuera no lo veríamos aparecer tantas veces en la Biblia, y no nos habrían advertido, tanto Jesús como los apóstoles, de que debemos cuidarnos de él.

Muy cierto que los antiguos eran demasiado dados a creer en la influencia de espíritus inmundos, y cualquier enfermedad la convertían en una posesión diabólica, pero de ahí a desconocer la realidad de Satanás hay un gran trecho.

Al Diablo, Lucifer o Satanás se le presenta en la Biblia como nuestro enemigo, al que debemos rechazar.

Dice san Pedro: "Despéjense, espabílense, que su adversario el diablo, rugiendo como un león, ronda buscando a quien devorar. Háganle frente firmes en la fe." (1a Pedro 5,8-9).

Dios ha permitido que nos tiente como forma de probar nuestro amor.

NO PUEDE HACERNOS DAÑO

Si Dios ha permitido al Diablo el tentar a los seres humanos, no por ello hemos de creer que su poder es excesivo. Para el que tiene a Dios nada pueden todos los poderes infernales.

Como dice el verso de Santa Teresa de Jesús:"Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta".

La Iglesia es muy cuidadosa al hablar de posesiones diabólicas. Trata más bien de quitarles importancia. Y aunque tiene un rito especial, el exorcismo, no recomienda que se use sin ton ni son, y solo por sacerdotes serenos y experimentados.

San Agustín decía del Diablo que es como un perro amarrado, que solo puede hacer daño a quien se le acerca. Lo que ocurre es que con demasiada frecuencia nos ponemos al alcance de sus fauces.

No hay por qué temer al diablo, pues no tiene el menor poder en contra nuestra. Solo puede tentarnos. Lo que se cuenta en el libro de Job, aparte de que muchos biblistas creen que se trata de una parábola, si ocurrió solo fue por especial permisión divina.

DEBEMOS COMBATIRLO

Si no debemos exagerar el poder que Satanás tiene, tampoco es conveniente que lo menospreciemos, pues puede perder a todo aquel que se le entrega.

Esto significa que es, el realidad, nuestro enemigo más peligroso, pues con sus engaños bien puede llevarnos al infierno por toda la eternidad.

Esa es la razón por la que debemos presentarle batalla, pero no confiados en nuestras propias fuerzas, pues nos pasaría como a Pedro, que creyéndose fuerte, acabó por negar a Cristo tres veces.

El apóstol Pablo, en su carta a los Efesios nos recuerda las armas que necesitamos para esta batalla: "Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las asechanzas del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Malligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios" (6,10-17).

SOLO DIOS ES PODEROSO

Como podemos ver por las palabras de san Pablo, al demonio lo podemos vencer siempre, con tal de que usemos las armas correctas y pongamos en práctica las estrategias pertinentes.

No se trata, desde luego, de andar fanfarroneando. Con el demonio no podemos jugar, como no se juega con un enemigo que quiere, a toda costa, arrancarnos la cabeza. Y aquí lo que está en juego no es nuestra cabeza, sino la eterna felicidad que cambiaríamos por eterna desgracia.

Lo sabio, por tanto, es aplicarnos con constancia a ser verdaderos hijos de Dios, dando a nuestra vida un sentido positivo, conscientes de que quien está con el Señor nada tiene que temer.

De Satanás nunca ha enseñado la Iglesia que tenga un poder que no haya recibido. Solo Dios es poderoso. El sabe por qué ha permitido que en el momento presente podamos ser tentados y hasta caer sometidos a la fuerza del mal.

Si esto ocurre, desde luego, somos nosotros los verdaderos responsables, pues Dios nos da todos los medios para que no nos dejemos seducir por las mentiras diabólicas y evitemos así corromper nuestras vidas.

Arnaldo Bazán

Volver al Indice