¿ES CIERTO QUE LA IGLESIA
PROHIBIÓ LA LECTURA
DE LA BIBLIA?

La Sagrada Escritura ha sido siempre lectura obligada para los cristianos, pues en ella se basan las verdades de la fe y de ella bebemos el mensaje de salvación que Dios nos ha enviado, desde antiguo, a través de los patriarcas y profetas y, sobre todo, de su propio Hijo, Jesucristo.

Vemos que desde los primeros tiempos se dio gran importancia a las lecturas del Antiguo Testamento en las reuniones cristianas, que poco a poco se fueron completando con los escritos que hoy llamamos "Nuevo Testamento".

Aunque por aquellos tiempos era prácticamente imposible que cada cristiano tuviese una copia de las Sagradas Escrituras, se alentó su lectura como parte importante del vivir cristiano.

Ocurrió, sin embargo, que después de la llamada "reforma protestante" se propagó la idea de que la Biblia tenía que ser interpretada libremente, lo que, necesariamente, trajo consecuencias nefastas para la unidad de la fe.

Esto obligó a los dirigentes de la Iglesia a ponerse en guardia para evitar males mayores, haciendo que la lectura de las Sagradas Escrituras se redujese al ámbito de las reuniones oficiales o de los centros de estudio, para que pudiera tener una adecuada interpretación.

Es posible que tal situación se prolongase más de lo debido y que de ello se sacase la idea de que los católicos no podían leer la Biblia. De suyo, todavía en nuestros dias, son muchos los católicos que hacen muy poco uso de ella, si es que la tienen, lo que es muy de lamentar.

Como las cosas no ocurren de improviso, el movimiento para acercar a los católicos a la lectura de la Palabra de Dios se ha ido incrementando poco a poco, y hoy no podría considerarse verdadero católico quien no lee y medita asiduamente la Sagrada Escritura.

Ya existen versiones de la Biblia en casi todos los idiomas y se trata de difundir al máximo su lectura, aunque siempre sometiendo su interpretación a la fiel enseñanza de la Iglesia, que es la depositaria de la divina Revelación. Los que pretendan interpretar la Escritura a su manera estarán expuestos a toda clase de errores, lo que puede tener muy malas consecuencias en el orden espiritual.

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