JESUCRISTO ES LA
RAZÓN DE LA NAVIDAD

La Navidad, nadie podrá negarlo, es la fiesta más bella del año, aun cuando no sea la más importante. Ya sabemos que el lugar de privilegio lo ocupa la Pascua, por cuanto la Muerte y Resurrección de Cristo son las que dan todo sentido a nuestra fe y nuestra esperanza.

Con todo, Navidad es una fiesta que inspira a casi todo el mundo, incluyendo a muchos que, aunque no creen en Jesucristo, disfrutan de la emoción de estos días.

Para poder celebrarla como es debido, es decir, cristianamente, hemos de tener muy presente lo que nos dice una frase que ya se ha acuñado en inglés, por cuanto juega bien con el sonido de las palabras: JESUS IS THE REASON OF THE SEASON. Sería difícil traducirla literalmente, pero en definitiva quiere decir: JESÚS ES LA RAZÓN DE LA ESTACIÓN. O dicho de otra manera: NAVIDAD SIN JESÚS NO ES NAVIDAD.

Si lo que celebramos es el nacimiento del Hijo de Dios, por más que nos empeñemos no podríamos quitarlo de en medio, a no ser que queramos vaciar la fiesta de todo su contenido.

Eso es lo que, efectivamente, hacen más de cuatro, pues para ellos Navidad no es más que una oportunidad para pasarlo bien, pero sin que la celebración tenga para ellos ningún impacto espiritual. Es la Navidad sin Jesús, es decir, NADA.

Claro que hay los que, con toda intención, quieren sacar a Jesús de su propia fiesta, y hasta han querido suplantarlo con ese simpático personaje que es Santa Claus.

¿Por qué?

Pues porque una Navidad con Jesús supone un compromiso, un tomarlo en serio, un darle importancia a lo esencial, y hay quienes desean que todo quede en lo superfluo y circunstancial.

De ahí que piensen sólo en los regalos, en la comida, en la bebida, en la música y la diversión. Y como hay que darle un aire especial, pues a poner a Santa para que protagonice lo que a OTRO corresponde.

Así no se vale, como dirían los niños cuando alquien quiere hacer trampas en el juego.

TENEMOS QUE RESCATAR LA NAVIDAD

Si la Navidad se nos ha ido de la mano a los cristianos, no nos queda más remedio que rescatarla, CRISTIANIZÁNDOLA.

Esto significa que tenemos que volver a poner a Jesús en el centro de la fiesta. ¿No nos damos cuenta de que hasta lamándola simplemente "SEASON" (Estación) se le está paganizando? De ahí que veamos un montón de tarjetas en inglés que dicen SEASON'S GREETINGS (Saludos de la Estación o de la Época), sin más, dejando de lado la fiesta de Jesús. Ahí pueden aparecer arbolitos y guirnaldas, nieve y trineos, hasta el viejo Santa, pero nada de la real Navidad.

Ningún cristiano debería enviar una tarjeta en la que Jesús esté ausente. Esas con trineos y lucecitas dejémoslas en las tiendas, a ver si aprenden los comerciantes. Lo malo es que para la mayoría de nosotros eso no parece importar demasiado, y por eso las seguiremos viendo por los siglos de los siglos.

QUE CADA CASA TENGA SU NACIMIENTO

Hemos de hacer un esfuerzo por demostrar que formamos parte del Pueblo de Dios, y que el nuestro es un hogar cristiano. Ya hoy en día es raro visitar una casa que tenga algún signo cristiano. Podremos encontrar pinturas y figuras, pero lo religioso brilla por su ausencia con mucha frecuencia. Y esto es una verdadera pena.

Pues bien, durante los días navideños deberíamos señalar nuestra adhesión a Jesús, nuestro Salvador, con un signo externo. La presencia de un Nacimiento, con o sin árbol, puede ser una forma de predicar bien a las claras que nosotros creemos en la verdadera Navidad, en la de Jesús.

No hay que crearse complicaciones. Puede ser algo bien sencillo, que por ahí hay figuras para todos los gustos y presupuestos. Lo importante es que no nos falte ese detalle que, aunque parezca insignificante, dice mucho a los que nos visitan.

REGALAR CON MODERACIÓN

Uno de los dolores de cabeza de estos días son los regalos. Ya se ha hecho como una obligación el que hemos de obsequiar a familiares y amigos, esperando que ellos también lo hagan con nosotros.

Si todos nos pusiéramos de acuerdo para dejar a un lado esta costumbre sería una maravilla, pues en definitiva se dan y se reciben muchas cosas que luego no sabemos qué hacer con ellas. Por otro lado, el gasto que todo esto representa es enorme, sin que nadie, como no sean los comerciantes, saque un real beneficio.

Si es casi imposible cambiar los hábitos ya impuestos por muchos años de tradición, al menos podemos tratar de lograr una cierta moderación en nuestra forma de regalar, pensando más en la utilidad que pueda proporcionar a quienes regalamos, que en la satisfacción de quedar bien.

No olvidemos, por otro lado, que hay quienes sí necesitan de nuestra generosidad, que son los pobres, a quienes siempre tendremos con nosotros. Más cerca de lo que imaginamos hay personas con problemas. Quizás no nos sea posible socorrerlas personalmente, pero hay instituciones que pueden ocuparse de ello en nuestro nombre.

Dar a los necesitados es como un regalo al propio Jesús. Y si recordamos los regalos que el Niño Dios recibió de los pastores y los magos, hoy tenemos la oportunidad de ser nosotros los que se los ofrezcamos en la persona de los más necesitados. Esos sí son regalos que gustan al Señor. Los otros traen ya consigo su propia recompensa, pero éstos sólo Dios los puede recompensar.

Si son muchos los que celebran estos días con jolgorio, música, regalos, comidas, etc., debemos ser nosotros los que vivamos la Navidad, con el verdadero espíritu de una fiesta en la que Jesús es el Centro.

Arnaldo Bazán

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