CRISTO VINO
PARA SALVARNOS A TODOS

Las promesas de Dios no excluyen a nadie. Bien claramente se nos dice en la Escritura: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2,4).

En esto estuvo, precisamente, la equivocación de muchos judíos, que pensaron, erróneamente, que el Mesías era solo para ellos. Pero, como dice Pablo, "no hay más que un Dios y no hay más que un mediador entre Dios y los hombres, un hombre, el Mesías Jesús, que se entregó como precio de la libertad de todos" (1 Timoteo 2,5).

Cuando Dios escogió a Abraham para que fuera el cabeza de un nuevo pueblo que lo conociera y le sirviera como a su único Señor, dio a entender claramente que en el futuro otros pueblos entrarían también a formar parte de su descendencia.

Esto es lo que los apóstoles trataron de hacer ver a sus hermanos de raza, aunque costó mucho trabajo cambiar una mentalidad de siglos. Ellos, ciertamente, habían recibido del Señor la seguridad de que el Evangelio era para todos, sin distinción de razas, pues la salvación tenía que ser predicada hasta los últimos confines de la tierra.

LOS JUDÍOS PRIMERO

La práctica habitual fue llevar el mensaje evangélico, en primer lugar, a sus hermanos israelitas. Así podemos verlo en los Hechos de los Apóstoles. Pero la gran mayoría de los judíos rechazó de plano a Jesús como Mesías y llegó el momento en que expulsaron a los cristianos de las sinagogas y les prohibieron seguir considerándose miembros de su comunidad.

Esto, ciertamente, no afectó mucho a los discípulos de Jesús, pues si se mantenían participando de las actividades del pueblo judío, era porque creían sinceramente que la Iglesia venía a ser la prolongación, en la historia, del judaísmo como religión, y la depositaria última de las promesas hechas a Abraham.

Al tener que romper con los judíos, los cristianos lo hicieron lamentando su fracaso en convencerlos de que en Jesús se cumplieron las profecías mesiánicas y de que El era el Único al que se podía esperar.

Claro que hubo judíos que se hicieron cristianos, pero, en total, no dejaron de ser una minoría entre los miembros del Pueblo Elegido.

NO TODOS ENTENDIERON IGUAL

Algo que llama la atención es que, desde los primeros tiempos, hubo quienes no entendieron el mensaje cristiano como los demás y, por lo mismo, se apartaron del grupo principal de la Iglesia, creando con ello separación y sectarismo.

Este dato es importante, pues nos hace ver que la desunión entre los discípulos no es algo moderno, sino un fenómeno con el que ya tuvieron que luchar los propios apóstoles.

A guisa de ejemplo veamos estas palabras del apóstol san Pedro en su segunda Carta: "No faltaron falsos profetas en el pueblo judío, y lo mismo entre ustedes habrá falsos maestros que introducirán bajo cuerda sectas perniciosas: por negar al Señor que los rescató, se acarrean un rápido desastre" (2,1).

Esto demuestra que somos seres humanos y que nos resulta muy difícil ponernos de acuerdo hasta en las cosas de Dios. Por esto hoy seguimos viendo ese terrible escándalo que es, no solo la desunión, sino hasta el enfrentamiento de los que nos consideramos discípulos de Cristo, a veces con más saña que si estuviésemos en pugna con el mismo diablo.

UNA SOLA IGLESIA

Así como Cristo es uno solo, de la misma manera UNA es la Iglesia que El fundó. Una Iglesia, eso sí, santa y pecadora, pues se trata del conjunto de todos aquellos que han sido rescatados por Cristo y han renacido a la vida nueva por el Bautismo.

No olvidemos que si el Bautismo nos hace hijos de Dios y nos da su gracia, no por ello dejamos de ser pecadores, pues mientras no lleguemos al cielo, tendremos que luchar contra las tendencias pecaminosas que tratan de dominarnos.

Por eso en los dos mil años de su historia, la Iglesia ha ido superando muchos obstáculos, tanto externos como internos, pero nunca ha sucumbido, pues tiene con ella la fuerza poderosa de Aquel que le prometió: ".sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16,18).

Pese a la división, podemos decir que todos los que tratan de ser fieles a Cristo, aunque por caminos diversos, pertenecen de alguna manera a su Iglesia.

¡Qué bello fuera que todos los cristianos formáramos filas en una sola Iglesia! Pero eso es algo que veremos solo cuando nos congreguemos, por fin, en la Casa del Padre.

Arnaldo Bazán

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