CARTA PASTORAL DE LA CONFERENCIA
DEL EPISCOPADO DOMINICANO

LA EUCARISTÍA, FUENTE DE COMUNIÓN E IMPULSO DE LA MISIÓN ECLESIAL

21 DE ENERO DE 2018

Introducción

I. Fundamento Bíblico

II . La Eucaristía en la reflexión teológica de los Padres de la Iglesia

III . Dimensión teológica: La Eucaristía, misterio de comunión

IV. Dimensión social de la celebración eucarística

V. Espiritualidad y pastoral eucarísticas

VI. María, mujer eucarística

Conclusión

Introducción

1. Desde el umbral de la misión evangelizadora en el Nuevo Mundo, el pueblo de Dios que peregrina en la República Dominicana se ha alimentado del pan del cielo servido en la mesa eucarística. Esta Isla tiene el privilegio de haber sido el escenario donde se celebró la primera Misa en América, presidida por el P. Bernardo Boyl, Delegado Apostólico, en La Isabela, Puerto Plata, el 6 de enero del 1494.

2. Este acontecimiento histórico que en el 2019 cumplirá 525 años, nos obliga a profundizar sobre el Sacramento de la Eucaristía, fuente de comunión e impulso de la misión eclesial.

3. Ni siquiera las profundas transformaciones que ha experimentado el pueblo dominicano en los últimos tiempos han mermado el sentimiento religioso nacional, el amor a la Eucaristía y a los distintos actos de piedad y espiritualidad cristiana, simbolizados en el bautismo de los niños, en las peregrinaciones a los santuarios, en la participación activa de las fiestas patronales y en el florecimiento de nuevos grupos y movimientos apostólicos.

4. Hemos considerado pertinente centrar nuestra reflexión sobre este admirable Sacramento, el cual constituye el "fuente y cuna de toda la vida cristiana",de tal manera que "los de- más sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan".

I. Fundamento bíblico.

5. Los autores del Nuevo Testamento han dejado constancia en la tradición de las comunidades apostólicas de la celebración de la fracción del pan (Hch 2, 42-47) evocando una comida judía, donde el que preside, pronuncia una bendición antes de partir el pan. Esto en lenguaje cristiano se refiere a la celebración de la Eucaristía.

6. El término Eucaristía viene del griego euxaristia que significa acción de gracias o agradecimiento. En los salmos (66, 8; 100, 4; 145, 2. 21) se bendice a Dios, es decir, se realiza una acción de gracias o de alabanza. En estas bendiciones la persona se postra ante Dios (Gn 24, 48) en medio de la asamblea (Sal 26, 12), con toda la creación (Sal 145, 10).

7. En el milagro de la multiplicación de los panes, encontramos un simbolismo del número de las cinco mil personas que se benefician del pan multiplicado, figura de la multitud, y en el Éxodo se habla de un hambre colectiva. La Eucaristía tiene como finalidad dar al mundo y a la nueva multitud el nuevo pan bajado del cielo, el Cuerpo de Cristo. La Eucaristía en el Nuevo Testamento es el gesto de agradecimiento realizado por Jesús al dar gracias por el pan y el vino. Eucaristía es reconocimiento y gratitud, acción de gracias.

8. "Esta es mi sangre que será derramada por muchos" (Mc 10,45 y Mt 20,28) nos dice que la Eucaristía tiene un valor expiatorio, pues en ella se celebra la muerte de nuestro Salvador Jesucristo. Estas palabras remiten a Isaías 53, 12 donde se dice del Siervo de Yahveh que "expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él cargó con el pecado de muchos e intercedió por los pecadores".

9. "Hagan esto en memoria mía", frase conclusiva de la consagración, es la orden de actualizar el memorial de lo realizado por Jesús. Es decir, tomen el pan, den gracias y pártanlo; tomen el cáliz, den gracias y distribúyanlo.

Es el mismo Jesús el protagonista de la Eucaristía, aunque la acción se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo. Sacrificio que Jesús ofrece por todos, por la muchedumbre, expresado en latín "pro multis".

10. "Esto es mi Cuerpo", "esta es mi Sangre", cuerpo y sangre designan el ser entero de Jesús que se entrega por nosotros, derramando toda su sangre nos está entregando toda su vida.

II. La Eucaristía en la reflexión teológica de los Padres de la Iglesia.

11. Gracias al testimonio de los primeros escritores cristianos, hemos conocido las principales fuentes del contenido y la forma del misterio eucarístico, legado en los cánones, plegarias, oraciones e himnos más antiguos de la liturgia.

12. Muchos cristianos de las comunidades primitivas ofrendaron sus vidas con la palma del martirio en defensa de su fe en Jesús pan de vida. Las persecuciones y calumnias no pudieron detener el número creciente de personas que se convertían y practicaban la fraternidad cristiana en el Sacramento de la fracción del pan.

13. El método analógico empleado por los principales Padres de la Iglesia, que consiste en interpretar la Sagrada Escritura comparando entre sí los diversos libros de los dos testamentos, les permitió leer los grandes pasajes de la historia salvífica en clave eucarística. Este análisis simbólico les hizo descubrir el sentido integral de la Pascua, como centro de la liturgia cristiana e intuir en la figura del sacerdote Melquisedec, quien fue el primero en ofrecer pan y vino en el altar, el sacrificio de Isaac, el cordero pascual, los panes ázimos y el maná del desierto, como prefiguraciones de la Nueva y Eterna Alianza contenida en el Sacramento.

14. La iconografía de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, ha captado por medio de la reflexión teológica de los santos padres el sentido trinitario de la Eucaristía, simbolizada en los tres personajes de la teofanía de Mambré (cf. Gn 18,1-15).

15. Los principales poetas litúrgicos nos transmitieron en el genio de su inspiración mística los arquetipos fundamentales de la relación entre fe y cultura. Ellos descubrieron en la naturaleza la profunda armonía del misterio de Dios llevado a su máxima expresión en la donación de Cristo en la mesa eucarística. La referencia más elocuente de esta analogía la encontramos en la figura del pelícano que alimenta a sus crías a través de la herida abierta de su pecho, rememorando el costado abierto de Cristo, fuente sacramental donde se alimenta su cuerpo místico, la Iglesia.

16. Entre los siglos II y IV, surgieron algunas ideas erróneas que obligaron a la Iglesia a proteger, celebrar y vivir íntegramente la herencia apostólica. La carta del filósofo y mártir Jus9 tino al Emperador Romano para defender a los cristianos acusados de caníbales y antropófagos, consolida el testimonio de La Didaché (S. II ),4 primer documento de carácter doctrinal redactado en los años que siguieron inmediatamente a los libros canónicos del Nuevo Testamento.

III. Dimensión teológica: La Eucaristía, misterio de comunión.

17. La Eucaristía es la comida sacramental en la que Cristo actualiza su presencia y su entrega en medio de la comunidad cristiana, haciendo que ésta, en los signos del pan y vino, entre en comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo y partícipe así de la fuerza salvadora de su muerte pascual.

18. La Eucaristía es el sacramento que hace más presente en nuestra historia el acontecimiento central de la salvación: el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, y celebra así el encuentro entre Dios y el ser humano en Cristo, en la nueva alianza que él selló para siempre en la cruz, gesto de amor salvífico para nosotros, radicalizando su oblación al Padre en una entrega total por nosotros, anticipado por el gesto profético de la Última Cena: "Esto es mi Cuerpo que será entregado por ustedes y esta es mi Sangre que será derramada por ustedes" (1 Co 11, 24; Lc 22, 19).

19. El memorial de la Pascua judía pasa a ser el memorial de su plena realización: "hagan esto en conmemoración mía". El cordero de la antigua Pascua perdió su vigencia, la figura debe ceder ante la realidad que anunciaba. La Cena del Señor será la cena del verdadero Cordero5 de Dios, el memorial de su sacrificio realizado "una vez y para siempre" y se actualiza en el tiempo de la Iglesia en la celebración litúrgica.

La Eucaristía es el sacramento que más profundamente influye en la comunidad eclesial: es realizado por ésta, pero a la vez el sacramento va construyendo a la misma Iglesia, comprometiéndola en la misión de la salvación de toda la humanidad, significando y realizando la unidad de la Iglesia.6 No hay Iglesia sin Eucaristía ni hay Eucaristía sin Iglesia.

20. El misterio eucarístico pone de relieve que Dios Padre, no distanciándose del ser humano, sino ofreciéndoles su propia alianza, es un Dios que envía su propio Hijo al mundo y a la historia, no para dominarla y hacerse servir, sino para servir a los hombres hasta hacerse su alimento y la fuente de su salvación. La Eucaristía es, pues, el gesto supremo de fidelidad, de un Dios que no se rige según la lógica del poder, sino del servicio y de la donación. Es el gesto de un Dios amigo, cuyo amor es tan grande que trastorna y supera los esquemas racionales del hombre.

21. La conmemoración no es un simple recuerdo, sino una actualización de lo que se conmemora. El hecho de celebrar la eucaristía en memoria de Jesús no se opone a la actitud del creyente que, por medio de la cena, desea vincularse con el acto redentor para su salvación y la de sus hermanos.

22. La importancia del hecho de la memoria de la liturgia cristiana está ya implícitamente proclamada, al afirmarse que nuestra fe celebrada se fundamenta en un hecho histórico muy peculiar, ya que "en la liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Durante su vida terrestre, Jesús anunciaba con su enseñanza y anticipaba con sus actos el misterio pascual. Cuando llegó "la hora" (cf Jn 13,1; 17,1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre "una vez por todas" (Cf. Rm 6,10; Hb 7,27; 9,12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, y absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues con su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida".

23. Sólo la exaltación gloriosa de Jesús con su ascensión nos permite comprender, hasta el fondo, la necesidad y la posibilidad de nuestra comunión real, espiritual y sacramental con Él. El alimento que Jesús nos ofrece es su carne gloriosa, vivificada por el Espíritu. Sólo esta dimensión "pneumatológica"8 de Cristo glorioso y de la Eucaristía nos pueden abrir plenamente al sentido del realismo y del personalismo del don. Es el Espíritu el que vivifica la carne de Cristo y el pan eucarístico.

24. La exégesis bíblica y la teología sobre la Eucaristía permanecen como punto de referencia en la Iglesia, tanto en el Magisterio como en la teología del misterio eucarístico. A lo largo de la historia ha sido necesario precisar la doctrina de la presencia real, para salvaguardar el auténtico sentido de las palabras de Cristo, como han sido entendidas y transmitidas siempre por la Tradición.

25. Desde la perspectiva del Evangelio de san Juan, tanto la Cena como la cruz manifiestan la unidad de los hijos de Dios dispersos. El servicio, la caridad, la plegaria por la unidad; son el ambiente natural y la exigencia normal de la Eucaristía que Jesús instituye y manda actualizar en su memoria.

26. La doctrina de los Apóstoles vincula conjuntamente la celebración de la fracción del pan a la realidad de la comunidad cristiana y a sus empeños de comunión hasta compartir los bienes.

27. En la anáfora alejandrina de Basilio de Cesarea (330-379) se pide: "Haznos dignos, Señor, de comulgar en tus santos misterios, para la santificación del alma, del cuerpo y del espíritu, para que nos convirtamos en un solo cuerpo y en un solo espíritu..."

28. En la anáfora de Teodoro de Mopsuestia (350-428) se señalan estos efectos de la efusión del Espíritu Santo sobre los dones: "Para que todos juntos seamos hechos unánimes por un mismo vínculo de caridad y de paz, y nos convirtamos en un solo cuerpo y en un solo espíritu, como llamados estamos a una sola esperanza de nuestra vocación".

29. En términos semejantes nuestra actual plegaria III del Misal Romano expresa esas mismas ideas, resumiendo la eclesiología de comunión postulada por el Concilio Vaticano II : "Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu".

30. La comunión eucarística reclama la unión con los hermanos que participan en la misma mesa eucarística y forman con nosotros la Iglesia-asamblea. Más aún, la comunión en la Eucaristía extiende nuestra unidad a todos aquéllos que profesan la misma fe y, en la misma unidad bajo los legítimos pastores, forman el único Cuerpo de Cristo.

IV. Dimensión social de la celebración eucarística.

31. La Santísima Eucaristía es el Sacramento que manifiesta el amor más grande, dar la vida por los amigos (Jn 15, 13). San Juan Pablo II escribió: "El culto eucarístico", es la expresión del "amor que nace en nosotros de la Eucaristía", aquel amor que es "la característica auténtica y más profunda de la vocación cristiana".

32. La Eucaristía nos acerca cada vez más a Cristo como individuos, y también lo hace como comunidad. San Juan Pablo II afirmaba: "Una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en sí misma, la Eucaristía, más bien, nos reta a reconocer nuestro propio lugar dentro de la comunidad y de la familia humana. La Eucaristía nos hace conscientes de nuestra propia dignidad y la de los demás".

33. La Eucaristía unifica y sana las divisiones. San Pablo enseñó que la celebración de la Eucaristía no es sincera si existen divisiones en la comunidad (1 Co 11,17-34), en posiciones o privilegios (Rm 12,3-13) o si existen fracciones dentro de la comunidad (1 Cor 1,10s). El participar en el sacramento como miembros iguales de la familia de Cristo desafía a unirnos como una sola familia.

34. La Eucaristía nos sensibiliza acerca de quienes sufren. Al meditar sobre la Eucaristía experimentamos el amor que Cristo nos tiene a nosotros y a todos los demás. Al contemplar el sacrificio de Cristo por un mundo de necesidad, nos sentimos obligados a seguir su ejemplo. Adentrados "en la dinámica de su entrega nos sentimos llamados a darnos a nosotros mismos en solidaridad con los miembros de nuestra familia humana que afrontan injusticias. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma".

35. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1397) subraya que la Eucaristía "entraña un compromiso en favor de los pobres: para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf Mt 25,40)".

36. La Eucaristía tiene una dimensión social. La Eucaristía, celebrada en comunidad, nos enseña acerca de la dignidad humana, nos llama a tener una relación recta con Dios, con la naturaleza, con nosotros mismos y con los demás, nos invita a la comunidad y a la solidaridad y nos envía en misión a ayudar y transformar nuestras comunidades y al mundo entero. La Eucaristía "no debilita, sino que más bien estimula nuestro sentido de responsabilidad respecto a la tierra presente. Ante el rostro de pecado e injusticias que vemos presentes en nuestras comunidades y en nuestro mundo, la Eucaristía pone una semilla de viva esperanza en la dedicación cotidiana de cada uno a sus propias tareas", retándonos a vivir vidas "eucarísticas" y afirmando nuestro papel, tanto como ciudadanos como hombres y mujeres de distintas profesiones y en distintos niveles de la sociedad, cuyo cometido es contribuir con la luz del Evangelio a la edificación de un mundo habitable y plenamente conforme al designio de Dios.

37. La Eucaristía nos desafía a reconocer y confrontar las estructuras de pecado. Estas estructuras incluyen la violencia social e intrafamiliar, los feminicidios, los abusos a menores, el tráfico de seres humanos, drogas y armas, la corrupción, la impunidad, la manipulación en la administración de la justicia, la equidad en la distribución de los bienes, la carencia de la solidaridad y todas las demás degradaciones sistemáticas de la vida o en contra de la dignidad humana. Cristo resucitado presente en la Eu- caristía actúa como "urgencia de renovación interior, dirigida a cambiar las estructuras de pecado en las que los individuos, las comunidades, y a veces pueblos enteros, están sumergidos".

38. Como nos lo recuerda el Papa Benedicto XVI, nuestra "comunión entre hermanos y hermanas en la Eucaristía hace que nazca en nosotros la voluntad de transformar también las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios".

39. La Eucaristía es Sacramento de Sanación. Igualmente el poder exorcista de la Eucaristía se manifiesta en tantas personas que sufren perturbaciones, o presiones u obsesiones del maligno y se ven liberados de ellas, muchas veces con su sola presencia en una celebración de la misa en la comunión, u orando en el sagrario, ante este santísimo sacramento. Continuamente nos llegan testimonios de personas que son sanadas física, psicológica o espiritualmente a través de la Eucaristía, sea en una celebración de la misma o ante el Sagrario. Hay hombres tan profundamente agresivos y violentos, capaces hasta de cometer feminicidios, pero con decisión clara de liberarse, han incluido en sus terapias las visitas a Jesús Eucaristía y han logrado su sanación. Los santuarios y lugares de culto siguen siendo hoy por hoy su mejor testimonio, claro y universal de las sanaciones, en las que se unen la acción directa del Santísimo Sacramento y la mediación de María, Virgen y Madre.

40. Maravillados por todo lo que hemos recibido en el amor y la auto entrega de Cristo, respondemos mediante el servicio a los demás y con obras de caridad y de solidaridad, actuando a favor de la justicia para todos, promoviendo la transformación de las estructuras injustas que degradan la vida y dignidad humana.

41. La liturgia eucarística es social por naturaleza. Es la celebración mediante la cual Dios nos lleva hacia la comunión con él y con los demás, formándonos y transformándonos para que vivamos siendo el Cuerpo de Cristo en el mundo.

42. El Concilio Vaticano II nos enseña: "Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la santísima Eucaristía" (PO 6). Ella "aparece como la fuente y la culminación de la predicación evangélica" (PO 5). Es "centro y raíz de toda la vida" de los discípulos de Jesús (cf. PO 14).

43. San Juan, en el discurso sobre el pan de la vida nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí" (Jn 6, 56-57).

44. El "sacramento de la alianza" introduce a los creyentes en el dinamismo propio de la comunión, y esto supone: Aprender a vivir del don de Dios y ser don para los demás. La antropología nacida de la Eucaristía afirma: Ya no basta con hacer cosas para los demás, es preciso darse y recibirse. De ahí brota la importancia de cultivar el sentido del compartir fraterno y de la amistad con todos los llamados, lo sepan o no, a formar parte del pueblo de la alianza. Res18 petamos y afirmamos la dignidad del otro en la medida que damos, recibimos, y compartimos con él el camino de la vida. No es lo mismo hacer cosas por los demás, que compartir el camino y la vida con los otros.

45. Todo lo que hay de auténticamente humano pensamientos y afectos, palabras y obras encuentra en el sacramento de la Eucaristía la forma adecuada para ser vivido en plenitud. El culto a Dios en la vida humana no puede quedar relegado a un momento particular y privado, sino que, por su naturaleza, tiende a impregnar todos los aspectos de la realidad del individuo: su relación con Dios, con el mundo y en la relación consigo mismo.

46. L a Eucaristía es "convite sagrado", los comensales han de vivir una auténtica fraternidad llamada a ser signo en la tierra de la verdadera familia de los hijos de Dios. Todos los hermanos gozan de la misma dignidad y reciben el mismo pan. Dios reparte su pan por igual a todos. La mesa compartida es la expresión del banquete en que cada uno recibe lo necesario para su más plena realización. La Eucaristía fundamentaba el anhelo e ideal de la comunidad primitiva: "No había entre ellos ningún necesitado, porque quienes poseían terrenos o casas los vendían, y el dinero lo ponían a disposición de los apóstoles para repartirlo entre todos según las necesidades de cada uno". (Hch 4, 34-35).

47. El beato Papa Pablo VI había recalcado cómo el cristiano se ha de comprometer en el desarrollo integral del hombre, lo que suponía hacer pasar nuestro mundo de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, presentando la fe como la condición más humana.

48. El "carácter social" del Sacramento se expresa tanto en la misión como en la acción social y caritativa de la comunidad eclesial y de cada uno de sus miembros. En el culto mismo, en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros. "Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma"19 . La Eucaristía, celebrada en comunidad, nos enseña acerca de la dignidad humana, nos llama a tener una relación recta con Dios, con nosotros mismos y con los demás, nos invita a la comunidad y a la solidaridad y nos envía en misión a ayudar y transformar nuestras comunidades, barrios y el mundo.

49. L a auténtica conversión conlleva el compromiso de transformar la realidad de acuerdo con el proyecto de Dios. El deseo de que exista una verdadera comunión entre los hombres y los pueblos, que se establezcan verdaderas relaciones de paz y justicia, de reconciliación y solidaridad.

50. En una sociedad donde prevalece egoísmo, la persona eucarística trabajará para que el principio de la comunión dirija las relaciones sociales, culturales y económicas. En efecto, cuando se instaura en la sociedad el principio de la competitividad se generan relaciones de fuerza y poder, donde los más débiles llevan las de perder. Todo esto no es algo espontáneo y exige un trabajo incansable de parte de los discípulos de Jesús. La Eucaristía tiene un gran potencial crítico, social, político y religioso, ya que pone en tela de juicio cualquier situación que se oponga al Reino de Dios. "El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre" (SC 90).

51. Si la Eucaristía nos hace entrar en el amor cercano y compasivo del corazón de Cristo, en sus entrañas de misericordia, será preciso que hagamos posible que las muchedumbres hambrientas y sedientas de pan, de dignidad y de Dios, accedan también a la mesa eucarística.

52. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social, sino que pertenece a su misma naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.(20) La acción social y caritativa, es parte de la misión evangelizadora de la Iglesia que ha hecho una opción preferencial por los pobres testimoniando el estilo del amor de Dios, su providencia, su misericordia.

53. L a Constitucion pastoral Gaudium et Spes No. 34 afirma: "El mensaje cristiano, no aparta los hombres de la tarea de la construcción el mundo, ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber" La Eucaristía es el alimento que nos posibilita y urge a llevar adelante este compromiso.

54. Benedicto XVI, hace suya esta propuesta de los padres sinodales: "Los fieles cristianos necesitan una comprensión más profunda de las relaciones entre la Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y devoción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera. Hoy es necesario redescubrir que Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos. Por eso la Eucaristía, como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, se tiene que traducir en espiritualidad, en vida según el Espíritu (cf. Rm 8, 4s; Gal 5, 16.25)".

V. Espiritualidad y pastoral eucarísticas.

55. La auténtica pastoral consiste en acompañar en la fe a todos los cristianos: esto tiene en la Primera Comunión un momento entrañable. Es en verdad admirable el esfuerzo que la comunidad cristiana hace en este campo de la Primera Comunión, y habría que seguir cuidando tanto a los padres como a los niños, adolescentes y jóvenes, para que sigan creciendo en su itinerario de fe.

56. Es parte del proceso de la iniciación cristiana que comenzó el día del Bautismo, que incluye la Confirmación y que culmina con la primera Eucaristía, para luego continuar ya con la vida cristiana, en la vida diaria. Es una celebración gozosa en el ámbito de la fe y que tiene su razón de ser dentro de ese camino de iniciación.

57. Es ideal llevar la dinámica de iniciación sin cambiar el proceso: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La iniciación tiene como punto de referencia la incorporación a la comunidad eclesial. La Primera Comunión expresa y realiza a la vez una incorporación más completa.

58. Se trata de iniciar a la vida cristiana, dentro de una comunidad que, además de celebrar la Eucaristía, quiere vivir un estilo de vida según el Evangelio. La meta de la catequesis no es la Primera Comunión, sino la vida entera. Es imposible enfocar y realizar la pastoral de la Primera Comunión sin tomar en serio una pastoral que involucre a sus padres.

59. Después de la Primera Comunión es importante el proceso de la postcomunión, un proceso de crecimiento en la vida cristiana. La primera comunión no debe ser término, sino punto de partida. Es fundamental seguir acompañando a los niños y luego a los adolescentes, jóvenes o adultos, en su camino de fe, ahora ya no con el tono de iniciación, sino de vida y crecimiento. La familia, los padres, la escuela, la comunidad parroquial juegan un papel fundamental en ese sentido.

60. En la Eucaristía existe una afirmación esencial de la presencia divina, que nos invita a la adoración. La presencia divina es presencia de quien a través de su cuerpo y de su sangre dice "Yo soy" y que merece ser apreciada por la dignidad de una persona que se hace presente con el amor, y con la dignidad suprema de una persona divina.

61. El culto eucarístico fuera de la misa. Dado que el culto eucarístico fuera de la misa, tiene su origen en la celebración eucarística, las sagradas especies se reservan después de la Misa, principalmente con el objeto de que los fieles que no pueden estar presentes en la Misa, como los enfermos y los de avanzada edad, puedan unirse a Cristo y a su sacrificio, por la comunión sacramental. Además, esta reserva permite también la práctica de tributar adoración a este gran Sacramento, que sólo se debe a Dios. Por tanto, es necesario que se promuevan vivamente aquellas formas de culto y adoración, no sólo privada sino también pública y comunitaria, instituidas o aprobadas por la misma Iglesia.

62. Para ordenar y promover rectamente la piedad hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía hay que considerar el misterio eucarístico en toda su dimensión. Se recomienda encarecidamente la devoción privada y pública a la sagrada Eucaristía, fuera de la Misa, de acuerdo con las normas establecidas por la autoridad competente. En la organización de la adoración, ténganse en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vaya de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo derive de ella y a ella conduzca al pueblo.

63. Así, pues, la piedad que impulsa a los fieles a adorar la santa Eucaristía los lleva a participar más plenamente en el misterio pascual y a responder con agradecimiento al don de que por medio de su humanidad infunde continuamente la vida divina en los miembros de su Cuerpo Místico. Traten, pues, los fieles de venerar a Cristo Señor en el Sacramento de acuerdo con su propio modo de vida.

Así cada uno procure hacer buenas obras, agradar a Dios, trabajando por impregnar al mundo del espíritu cristiano y también proponiéndose llegar a ser testigos de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana.

64. La exposición de la sagrada Eucaristía, sea en el copón o en la custodia, lleva a reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo e invita a la unión de corazón con Él, unión que culmina en la comunión sacramental. Así se promueve adecuadamente el debido culto en espíritu y en verdad.

65. En el fundamento de la adoración eucarística se encuentra siempre la presencia viva y vivificadora de Cristo, significado en la conversión real y sustancial del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Cuando un hombre se arrodilla frente a Cristo vivo en la Eucaristía puede ser capaz de enfrentarlo todo.

66. El sentido de la adoración eucarística es prolongación de la participación en el misterio pascual y de la acción de gracias eucarística; es encuentro y diálogo íntimo con Cristo, y por él con el Padre en el Espíritu; es oración de solidaridad por todos los hombres, por la paz y la salvación de todos; es fortalecimiento de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; es renovación de las disposiciones para celebrar mejor el memorial de la Eucaristía; es impulso para la transformación de las costumbres y de la vida según lo celebrado en la Eucaristía; es, en fin, compromiso que debe manifestarse en las buenas obras de caridad, y en un apostolado de presencia y acción en la sociedad humana. Se trata, en una palabra, del medio más adecuado para impulsar la unión entre la Eucaristía y la vida, dado que no se puede vivir sin celebrar, pero tampoco se puede celebrar sin vivir.

67. En la actualidad es necesario promover la fe en la presencia real del Señor en la Santa Eucaristía y asegurar a la celebración de la Santa Misa toda la dimensión de la adoración, para lo cual la práctica de la adoración eucarística supone un recurso pastoral trascendente.

68. En la Eucaristía la adoración ha de convertirse en unión con el Señor y con su Cuerpo místico. Se vive la profunda transformación de la violencia en amor, de la muerte en vida; y ella arrastra consigo las demás transformaciones.

69. Tenemos en la Eucaristía el centro de toda la vida de la Iglesia, y en la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para nuestra participación en ese divino Sacrificio. Nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención.

VI. María, mujer eucarística.

70. San Juan Pablo II , en Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, nos ha mostrado un camino seguro para aprender a vivir como hombres y mujeres eucarísticos, entrando en el discipulado de Cristo y en la escuela de María, mujer eucarística, madre de Cristo y madre y modelo de la Iglesia a la que estamos llamados a imitar.

71. La celebración de la Eucaristía requiere una participación activa y fructuosa, lo que exige de parte de las comunidades, formación continua, catequesis, preparación cuidadora de la Misa, la procesión solemne del Corpus Christi, encuentros o congresos eucarísticos en las Diócesis y parroquias, y promover y organizar la adoración eucarística.

72. Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Las palabras de Jesús: ¡Hagan esto en conmemoración mía! (Lc. 22,19), se transforman en aceptación de la invitación de María que en las bodas de Caná nos invita a hacer lo que Él les diga (Jn 2,5). Es más, "María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios, anticipando lo que se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor. El sí pronunciado por María a las palabras del Ángel es profundamente análogo al amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor.

73. María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en el primer "sagrario" de la historia donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel.

74. Desde las palabras de Simeón en la presentación del niño en el Templo, María vive una especie de "Eucaristía anticipada ", que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como "memorial" de la pasión.

75. El carácter de entrega propio de la Eucaristía en que Cristo se nos da también está unido a María quien asociada a la pasión de su hijo, al pie de la cruz es entregada como madre al discípulo amado, y en él a todos nosotros. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas.

76. Una relectura eucarística del Magníficat: Lucas 1,46-55 nos presenta los elementos propios de la Eucaristía, siendo ante todo un cántico de alabanza y acción de gracias, cuando exclama proclama mi alma al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi salvador. María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres (cf. Lc 1, 55), anunciando la que supera a todas ellas, la encarnación redentora. En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la "pobreza" de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se "derriba del trono a los poderosos" y se "enaltece a los humildes" (cf. Lc 1, 52). María canta el "cielo nuevo" y la "tierra nueva" que se anticipan en la Eucaristía. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat.

77. La Virgen María está muy cerca de la comunidad cristiana aunque no la nombrásemos explícitamente, pues ella nos muestra un modelo de las actitudes "eucarísticas" cristianas: Es la que mejor escuchó la Palabra de Dios, la que creyó, la discípula de Jesús, la que conservaba y meditaba todo en su corazón; la que nos dio un admirable ejemplo de acción de gracias en su Magníficat; la que al pie de la cruz es asociada al Memorial redentor de su Hijo ofreciendo a aquel que había presentado en el Templo como ofrenda a Dios; María es la que nos da ejemplo de presencia en la reunión de la comunidad cuando los discípulos estaban en oración, esperando el Espíritu Santo.

Conclusión

78. La Eucaristía es encontrarse con el Dios de la vida en la Comunidad. Es un acto comunitario. La comunidad termina siendo el escenario donde formamos un solo cuerpo con Cristo. Es una celebración comunitaria que nos compromete como hermanos.

79. Para vivir la Eucaristía se necesita un encuentro personal, que no seamos unos convidados de piedra sino vivenciales. Por eso los sacramentos no pueden quedarse en la celebración virtual, que es uno de los peligros que cometemos en la modernidad. Es necesario el contacto. La Eucaristía nos hace relacionarnos como Cuerpo de Cristo. No soy uno que se olvida de la dimensión social. La Eucaristía me lanza al otro. Me hace vivir hacia el otro, hacia mi hermano, me hace comprender la necesidad del otro para seguir adelante.

En la Eucaristía se nos da la gracia, es decir, la presencia trinitaria, en la que Dios Uno y Trino que viene en cada uno de nosotros para poder darnos a los demás. Dios que nos capacita en Cristo Jesús para entregarnos a los demás.

80. La Eucaristía es fiesta. Debemos encontrar en la Eucaristía el sentido festivo. Qué bueno sería que así como realizamos un examen de conciencia para reconocernos en que hemos faltado, lo hagamos también antes de ir a Misa, orientado a la gratitud para tener conciencia de por qué voy a dar gracias a Dios.

81. Agradezcamos una vez más, al Señor la presencia de muchos sacerdotes a lo largo de más de cinco siglos, hasta en los lugares más apartados que, siguiendo las huellas del Padre Boyl, han estado al servicio de la Eucaristía, celebrándola diariamente, abriendo sagrarios, distribuyendo la comunión; como también de todos aquellos Diáconos, ministros extraordinarios de la comunión y ministros de los enfermos, que la distribuyen, a lo largo y ancho del país, casa por casa, en campos y ciudades, llenos de amor y fervor. Dejamos también constancia de la adoración continua al Señor sacramentado ante el sagrario, sea de manera espontánea, como también de las organizaciones de laicos y laicas que mantienen una adoración diurna y nocturna hasta el amanecer, diaria, en las capillas del Santísimo Sacramento de nuestras parroquias.

82. Del mismo modo, la celebración y celebraciones del Corpus Christi cada año, en nuestras sedes episcopales y parroquiales, sus auténticas fiestas y manifestaciones de ardiente amor al Santísimo Sacramento.

83. Cabe notar como las celebraciones patrias, desde los días de la Independencia Nacional, incluyen normalmente la celebración del Te Deum o de la Eucaristía o ambas a la vez.

Que la Virgen Santísima, Nuestra Señora de La Altagracia, Madre del Salvador, cuyo pesebre donde está colocado el niño Jesús, tiene forma de altar, donde se coloca cada día, en cada misa el cuerpo de Jesús Eucaristía, les bendiga.

Santo Domingo, 21 de Enero de 2018, fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia.

Les bendicen,

† Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez,
Arzobispo emérito de Santo Domingo
† Diómedes Espinal De León,
Obispo de Mao-Montecristi
Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano
† Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, M.S.C.,
Obispo de La Vega
Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano
† Francisco Ozoria Acosta,
Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Primado de América
† Freddy Antonio de Jesús Bretón Martínez, Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros
† José Dolores Grullón Estrella,
Obispo de San Juan de la Maguana
† Gregorio Nicanor Peña Rodríguez,
Obispo de Nuestra Señora de La Altagracia, Higüey
† Julio César Corniel Amaro,
Obispo de Puerto Plata
r> † Víctor Emilio Masalles Pere,
Obispo de Baní
† Fausto Ramón Mejía Vallejo,
Obispo de San Francisco de Macorís
† Andrés Napoleón Romero Cárdenas,
Obispo de Barahona
† Santiago Rodríguez Rodríguez
Obispo de San Pedro de Macorís
† Valentín Reynoso Hidalgo, M.S.C.,
Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros
† Carlos Tomás Morel Diplán
Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros
† Ramón Benito Ángeles Fernández
Obispo Auxiliar de Santo Domingo
Secretario General de la Conferencia
del Episcopado Dominicano
† Jesús Castro Marte
Obispo Auxiliar de Santo Domingo
† Faustino Burgos Brisman, C. M.,
Obispo Auxiliar de Santo Domingo
† Ramón Benito De La Rosa y Carpio
Arzobispo Emérito de Santiago de los Caballeros
† Fabio Mamerto Rivas Santos, S.D.B.,
Obispo Emérito de Barahona
† Jesús María De Jesús Moya,
Obispo Emérito de San Francisco de Macorís
† Antonio Camilo González,
Obispo Emérito de La Veja
† Rafael L. Felipe Núñez,
Obispo Emérito de Barahona
† Pablo Cedano Cedano,
Obispo Auxiliar Emérito de Santo Domingo