REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

5.- COMENTARIOS A LAS LETANÍAS (Segunda Parte)

II.- Sigue una triple invocación exaltando la santidad de María. Estas tres invocaciones se consideran las más antiguas de las letanías marianas. Tienen el trasfondo teológico de los primeros concilios de la Iglesia. Cristo es Dios y hombre verdadero, se hizo hombre en las entrañas virginales de María. Y como expone san Agustín en un sermón de Navidad: "Concibió virgen, dio a luz virgen, virgen estuvo grávida [.] virgen perpetua." O sea, María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto.

La persona de Cristo es una sola y como en ella no se puede separar la humanidad de su divinidad, a María se le llama, con razón, Madre de Dios, la Theotókos. Desde los primeros años de la Iglesia así se reconoció y desde entonces la virginidad no fue una maldición (Isaías 7:14). María es santa, ya que es la Madre de la santidad personificada, Cristo, el Señor. Tengamos presente que todas las gracias de las cuales participó María le fueron concedidas por ser la Madre del Verbo Eterno.

Santa María

La santidad de María nunca ha estado en discusión, no sólo por su vida de entrega a Dios, sino porque ella llevó en su seno a la suprema santidad, el Verbo humanado. San Pablo explica que la mujer virgen, al preocuparse por las cosas del Señor es "santa en el cuerpo y en el espíritu" (1Corintios 7:34); o sea, es imagen ideal de la virginidad más pura entregada a Dios.

¿Habrá criatura alguna más entregada a Dios y santa en el cuerpo y el espíritu que María? A ella le fue dada la plenitud de la gracia (Lucas 1:28-35) y el Altísimo en persona habitó en su seno. Ella, mejor que nadie, puede decir: "Mi amado es todo para mí, y yo soy toda de mi amado" (Cantar de los Cantares 2:16).

El propio Martín Lutero (1483-1546) así lo reconoce en un sermón de la Navidad del año 1531: "[María es] la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad después de Cristo [.] ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas. Nunca podremos honrarla lo suficiente. Aun cuando ese honor y alabanza debe serle dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras".

San Cirilo de Alejandría (370-444) les escribe a los monjes una carta en la que clarifica la creencia secular de la Iglesia que Santa María es la Madre de Dios, porque Jesús es Dios: "Estoy admirado de que algunos duden por completo si debe llamarse a la Santa Virgen Madre de Dios o no. Pues si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿cómo no ha de ser Madre de Dios la Santa Virgen que le dio a luz? [.] Pero acaso dirás: ¿luego se ha hecho a la Virgen Madre de la divinidad? Y a esto respondemos que, sin ninguna duda, el Verbo viviente y personal es engendrado de la misma esencia de Dios. Tiene existencia sin principio temporal, siempre junto al generante, existiendo en Él y con Él como su pensamiento. Pero en los últimos tiempos, porque se hizo carne, es decir, se unió a un cuerpo de alma racional, se dice que nació corporalmente de una mujer".

Santa Madre de Dios

Este título es fruto de una reflexión teológica de la realidad: María es la madre de Jesús. Constituye propiamente una confesión de fe cristológica: Jesucristo es Dios y hombre verdadero. Desde el principio del cristianismo surgieron una serie de errores cristológicos.

La Iglesia siempre había defendido, tanto la divinidad del Verbo humanado contra los arrianos, como su verdadera y completa humanidad contra los docetas y apolinaristas. Cristo es el hombre Dios que tiene dos naturalezas distintas y completas, unidas hipostáticamente en una sola persona.

Algunos teólogos enseñaban que si en Jesucristo había dos naturalezas completas y distintas, debía haber también dos personas distintas: la divina y la humana. Lo más grave de este planteamiento era que destruía completamente el misterio de la Redención, porque si los méritos de los padecimientos y muerte de la naturaleza humana de Cristo había que imputarlos sólo a la persona humana, no podía haber redimido a la humanidad.

Esta postura era defendida por Nestorio (386-451), quien no podía aceptar que se atribuyese a la Santísima Virgen la antiquísima apelación de Theotókos (Madre de Dios), puesto que ella no pudo engendrar ni dar a luz a Dios. Sí aceptaba el título de Christotókos (Madre de Cristo).

San Cirilo de Alejandría en su Segunda Carta a Nestorio explica que si Jesús es Hijo de Dios, María efectivamente es madre de Dios. Por supuesto no es madre de la divinidad, pero en la persona de Cristo hipostáticamente está unida la divinidad y la humanidad:

Que el Verbo se hizo carne no significa nada más que esto: el Verbo, lo mismo que nosotros, participó de la carne y de la sangre, hizo de nuestro cuerpo su propio cuerpo y salió como hombre de una mujer, no por haber rechazado el hecho de ser Dios y haber sido engendrado de Dios, sino por la asunción de la carne, permaneciendo lo que era.

Esto es lo que por doquier proclama el discurso de la fe exacta; esto es lo que vemos que pensaron los Padres; así es como se atrevieron a llamar a la santa Virgen Madre de Dios, no porque la naturaleza del Verbo o su divinidad hayan recibido el comienzo de su existencia a partir de la Santa Virgen, sino porque de ella fue engendrado su santo cuerpo animado de un alma racional, cuerpo al que el Verbo se unió según la hipóstasis y por esa razón se dice que fue engendrado según la carne.

El papa san Celestino (422-432) en el año 431 convocó un concilio en Éfeso. En el mismo se aprobó la actuación y la doctrina de san Cirilo y condenó la doctrina de Nestorio. Las historias sobre este concilio refieren que los fieles de Éfeso estuvieron el día entero fuera de la catedral, donde estaban reunidos los obispos, esperando la decisión conciliar.

Cuando los obispos salieron, todo el pueblo los acompañó con antorchas encendidas, proclamando en alta voz: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte." No perdamos de vista que al confesar que María es Madre de Dios, estamos confesando también la divinidad de su Hijo, Jesucristo.

La liturgia celebra el 1º de enero la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Esta festividad es muy antigua en la Iglesia, ya que fue la primera fiesta mariana de la que se tiene noticia en la Iglesia Occidental. Consta que ya en la primera mitad del siglo V había en Roma y en Éfeso iglesias dedicadas a Nuestra Señora.

Algunos historiadores opinan que en el año 370 se celebraba en Antioquía la conmemoración de "La siempre Virgen María, Madre de Dios" en dicho día. Sin embargo, esta fiesta no era universal y otras iglesias celebraban ese día la festividad litúrgica de la Circuncisión del Señor.

El papa Pío XI (1922-1939), mediante la encíclica Lux veritatis del 25 de diciembre de 1931, con la cual celebra el decimoquinto centenario del Concilio de Éfeso, ordena que la fiesta de la Maternidad Divina de la Virgen se celebrase el 11 de octubre. En la reforma del Calendario Romano del año 1969 se traslada esta fiesta a su fecha original.

Santa Virgen de las vírgenes

La Iglesia considera la virginidad de María no sólo como una integridad corporal, sino que, además, fue una entrega absoluta de ella al Altísimo. En esa entrega no hubo división en su voluntad, se abandonó totalmente a Dios. Ella se puso a disposición del Señor como esclava. Asimismo, se reconoce la santidad de María superior a la de todos los santos y ángeles.

San Juan Damasceno (675-749), en la Homilía 2 en la dormición de la B. Virgen María, expone: "Hoy es introducida en las regiones sublimes y presentada en el templo celestial la única y santa Virgen, la que con tanto afán cultivó la virginidad, que llegó a poseerla en el mismo grado que el fuego más puro. Pues mientras todas las mujeres la pierden al dar a luz, Ella permaneció virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Hoy el arca viva y sagrada del Dios viviente, la que llevó en su seno a su propio Artífice, descansa en el templo del Señor, templo no edificado por manos humanas".

Tertuliano (160-220) en su "Tratado Sobre La carne de Cristo", con el cual polemiza con diversos representantes de la gnosis de su tiempo, subraya: "En resumen, [Cristo] es Dios al mismo tiempo que hombre, porque tiene la carne del hombre al mismo tiempo que el Espíritu de Dios: del hombre tiene su carne, su semilla, y de Dios tiene la semilla y el Espíritu. En estas condiciones, si es verdad que existió una disposición racional que implicaba que el Hijo de Dios tenía que nacer de una virgen, ¿por qué no iba a recibir su cuerpo de la Virgen, si nació de la Virgen y es otra cosa lo que recibió de Dios?"

Los Padres de la Iglesia vieron en la maternidad divina y la virginidad perpetua de María un signo de fidelidad a su Hijo. El Concilio de Letrán, en el año 649, declara: "Si alguno no confiesa, de acuerdo con los santos padres, propiamente y según verdad por Madre de Dios a la santa y siempre virgen María, como quiera que concibió en los últimos tiempos sin semen por obra del Espíritu Santo al mismo Dios Verbo propia y verdaderamente, que antes de todos los siglos nació de Dios Padre, e incorruptiblemente lo engendró, permaneciendo ella, aun después del parto, en su virginidad indisoluble, sea condenado".

Martín Lutero también proclamó la Virginidad de María. En uno de sus sermones del año 1539 explica: "Cristo fue el único Hijo de María, y la Virgen María no tuvo otros hijos aparte de Él [.] Me inclino a aceptar a quienes declaran que los "hermanos" realmente significan "primos" aquí, ya que el escritor sagrado y los judíos en general siempre llamaban hermanos a los primos". Monseñor Fulton J Sheen (1895-1979) en su obra "El primer amor del mundo" explica sobre la virginidad de María: "Así como nuestra mente engendra un pensamiento sin destruir en modo alguno la inteligencia, así María engendró al Verbo dentro de sí, sin afectar en modo alguno la Virginidad de Ella".

Dr.Roberto Fernández Valledor

Volver al Índice