REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

7.- COMENTARIOS A LAS LETANÍAS (Cuarta Parte)

IV.- Siguen seis invocaciones resaltando la virginidad de María. En el Antiguo Testamento, tanto la soltería como la virginidad significaban un oprobio (Génesis 30:23; Isaías 54:4). Recordemos a la hija de Jefté quien, antes de ser sacrificada, le pide a su padre dos meses para llorar su virginidad (Jueces 11:37-39). Sin embargo, uno de los títulos honoríficos de Jerusalén es "Virgen, hija de Sión" (Isaías 23:12; 37:22). La virginidad como estado propiamente adquiere honor en el Nuevo Testamento.

Jesús enseña que algunos reciben el don de la virginidad y renuncian al matrimonio por amor al reino de Dios (Mateo 19:12, 29). San Pablo, a su vez, manifiesta a los no casados que hacen bien si permanecen como él, sin casarse (1Corintios 7:8). Es muy importante enfatizar que ni Jesús ni Pablo imponen la virginidad. La Iglesia, desde sus orígenes, tuvo en gran estima la virginidad, pues los escritos, tanto de los Padres Apostólicos como de los Padres de la Iglesia, exhortan a conservarla como una consagración a Dios. Isaías (7:14) profetizó que la Madre del Salvador sería Virgen, el Evangelio lo recalca (Mateo 1:23) y el Ángel se lo deja saber a María (Lucas 1:26-38).

San Bernardo, en uno de sus sermones sobre la Virgen María, explica: "La Virgen se llamaba María. Vamos a ocuparnos un poco de este nombre, que significa "Estrella del mar", y por eso se aplica con toda propiedad a la Virgen Madre. Efectivamente, es correctísimo compararla con una estrella. Porque si todo astro irradia su luz sin destruirse, la Virgen dio a luz sin lesionarse su virginidad. Los rayos que emite no menguan a la estrella en su propia claridad, como no menoscaba a la Virgen es su integridad el Hijo que nos da">

Virgen prudentísima.

Las Sagradas Escrituras alaban la prudencia, ya que la persona prudente no hace caso a las injurias (Proverbios 12:16), es correcta (Proverbios 15:5) y guarda la ley (Proverbios 28:7). También en numerosos pasajes se identifica la sabiduría con la prudencia (entre otros, Proverbios 10:13; 13:16; 14:18, 33; 16:21; Oseas 14:9; Isaías 10:13). El mejor elogio a la mujer de Yahvéh es que ella sea prudente (Proverbios 19:14) y Jesús resalta esta virtud en la mujer con la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1). También insistió en esta virtud cuando propuso la parábola del hombre prudente (Mateo 7:24) y llamó siervo "fiel y prudente" (Mateo 24:45; Lucas 12:42) al mayordomo vigilante. María, por consiguiente, es el prototipo de la mujer prudente porque residen en ella todas estas características.

Virgen digna de veneración.

La Virgen se venera, igual que a los ángeles y los santos, no se adora. La adoración es exclusiva de la divinidad. El Catecismo de la Iglesia Católica (Núm. 2096) explica: "La adoración es el primer acto de la virtud de la religión. Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. 'Adorarás al Señor tu Dios y solo a él darás culto' (Lucas 4,8), dice Jesús citando el Deuteronomio (6, 13)." De hecho, el Diccionario define el culto de latría el que se da a Dios en reconocimiento de su grandeza. A los ángeles y los santos se les tributa el culto de dulía, o sea de veneración y el exclusivo de hiperdulía a la Virgen, a quien se venera de una manera especial por su dignidad de Madre de Dios.

Virgen digna de alabanza.

Así como la Sagrada Escritura alaba al hombre prudente, a la persona fiel., a María se alaba por su entrega a Dios y por ser el medio del que Dios se valió para darnos al Redentor. La alabanza es un elogio; es celebrar a una persona por su dignidad o por sus cualidades. María es Virgen digna de alabanza, no sólo por su dignidad de ser Madre del Verbo, Madre de Dios, sino por sus cualidades personales. Tengamos en cuenta que Dios la escogió para ser morada de la segunda persona de La Trinidad Augusta. La alabanza que se le tributa, pues, es superior a la de los ángeles y los santos, pero nunca comparable a la que tributamos a la divinidad, ya que a ella la veneramos y a Dios lo adoramos.

Alan Butler en su Vida de los Santos explica sobre el particular: "Ciertamente, la maternidad divina de María fue el mayor de los milagros y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó precisamente la maternidad de María, sino sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento">

Virgen poderosa.

Ella es la Madre de Jesús, nuestro Redentor, ¿qué le negará su Hijo? Los santos llaman a María "La omnipotencia suplicante" y es así porque, si bien ella no tiene poder que le venga de sí misma, no hay nada que no pueda obtener de Dios. Jesús es omnipotente por su naturaleza, María por la gracia. Esto se pudo apreciar en las bodas de Caná (Juan 2:3-5) que, a petición de ella, su hijo adelanta su manifestación mesiánica. En sus comentarios sobre este pasaje, san Agustín dice sobre María: "Ciertamente, no hay criatura alguna que pueda obtener tantas misericordias a los miserables desterrados en este valle de lágrimas como esta medianera santísima, honrada por Dios como querida Madre. Basta que abra los labios." San Bernardo explica el significado de la Virgen para los pecadores: "María se ha hecho toda para todos. Para el esclavo, redención. Para el enfermo, salud. Para el afligido, consuelo. Para el pecador, perdón. Para Dios, honor y gloria. Para todos, como la luz del sol: calor, iluminación, vida">

Virgen clemente.

La clemencia es la virtud que modera el rigor de la justicia y tiene como sinónimo la misericordia. Existen numerosas leyendas medievales que presentan a María intercediendo por los pecadores devotos que acuden a ella. Los milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo es un ejemplo elocuente de este tipo de creencia secular que la lírica recoge a través de los siglos. En este libro se ilustra a través de veinticinco milagros de la Virgen, quien acude al auxilio de sus devotos. El notable teólogo franciscano, san Buenaventura (1218-1274), afirma: "María se atreve a detener la espada de la Divina Justicia para que no caiga castigadora sobre nosotros los pobres pecadores">

San Bernardo en un Sermón sobre la Asunción de la Bienaventurada Virgen María añade que gracias a María está muy poblado el cielo y desierto el infierno: "Por ti se llenó el cielo, se vació el infierno, se restauraron las ruinas de la Jerusalén celestial, y los miserables recuperaron la vida que habían perdido. Es un amor tan poderoso y tan compasivo que se desborda en sentimientos de piedad y en gestos de socorro, de una manera ilimitada." Y en otro lugar, este devoto abad de la Virgen dice que la Iglesia llama Reina de la Misericordia a María para recordarnos que ella es la que reparte los tesoros de la misericordia de Dios a manos llenas. Monseñor Fulton J. Sheen dice sobre el particular: "Cuando Nuestro Señor nos donó la mitad de su Reino en su Madre, hizo que para toda alma fuera imposible ir al infierno, si suplicaba a María que intercediera ante su Divino Hijo">

El puertorriqueño considera esta virtud en grado extremo en la Virgen y lo demuestra cuando reza la Salve. En la parte que se dice: "oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María", muchos rezan: "oh clementísima, oh piadosa, oh dulce." Obsérvese que el adjetivo clemente aparece en grado superlativo, mientras los otros no. La versión original de esta oración, que es del siglo XIII, en su latín original dice: O clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria. Según se aprecia, el adjetivo clemens no aparece en superlativo (clementissima). También se han recogido en Puerto Rico décimas y romances populares que describen cómo la Virgen intercede ante su Hijo para que perdone a un pecador devoto de ella y Jesús, sonriendo, lo hace. Por eso en la Salve la llamamos "abogada nuestra". En Ávila se venera a la Virgen de la Clemencia, según escribe santa Teresa de Jesús (1515-1582) sobre la aparición de la Virgen el 19 de enero de 1572. Desde fines del siglo XVIII en Austria, cerca de Innsbruck, se venera a Nuestra Señora de la Misericordia y la Clemencia de Absam.

Virgen fiel.

Entre las definiciones del vocablo fiel está: "Que guarda la fe". Nadie mejor que María da ejemplo de fe en Dios. Cuando el ángel le anuncia la concepción virginal del Verbo, ella acata y confía, porque la fe conlleva confianza. Y qué decir de la fe en su Hijo. Ella fue el sostén de los Apóstoles en los momentos de crisis de fe por la muerte del Redentor. Permaneció en el Calvario y alentó a los discípulos luego de la ascensión. "Todos ellos [los Apóstoles] perseveraban en la oración con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos" (Hechos 1:14). La fidelidad a Dios es una importante cualidad de María, porque su vida fue una entrega total a su servicio.

Dr.Roberto Fernández Valledor

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