REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

8.- COMENTARIOS A LAS LETANÍAS (Quinta Parte)

V.- Siguen cuatro invocaciones en las que se presenta a María como ejemplo de virtudes Espejo de justicia. La justicia es una de las cuatro virtudes cardinales. Entre las definiciones que el Diccionario ofrece para esta palabra están: "Derecho, razón, equidad." "Conjunto de todas las virtudes, que constituye bueno al que las tiene." Al decir, pues, Espejo de Justicia se está refiriendo a Espejo de santidad y de perfección. Entre otras definiciones que ofrece el Diccionario tenemos: "Aquello en que se ve una cosa como retratada". "Dejarse ver una cosa en otra." Como en el espejo se refleja la imagen, María es el reflejo de la santidad de su Hijo, la santidad suprema, igual que la luz del Sol, Cristo, en la Luna, María.

Monseñor Fulton J. Sheen en su libro "El primer amor del mundo" escribe sobre María: "Pues bien, así como la madre física observa y hace vigilia sobre un hijo enfermo, así procede María Santísima sobre sus hijos descarriados. La única palabra que nunca se asocia a Ella es Justicia. Ella es solamente su espejo. Como Madre del Juez puede influenciar Su Justicia; como madre de Misericordia puede obtener piedad y lenidad".

Trono de sabiduría

Para muchos, la sabiduría es sinónimo de acumulación de conocimientos. De hecho, el Diccionario define esta palabra: "Conducta prudente en la vida o en los negocios". "Conocimiento profundo en ciencias, letras o arte". Sin embargo, para las Sagradas Escrituras el principio de la sabiduría es el temor a Dios (Proverbios 1:7), lo cual equivale a decir el respeto a Dios y el cumplimiento de sus preceptos. El apóstol Santiago en su carta (3:13,17) explica que la sabiduría se muestra practicando las virtudes: "¿Hay entre vosotros quien tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría". Y a continuación describe cuáles son los frutos de la sabiduría: "En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía">

En la lectura tipológica sobre el Antiguo Testamento que se inició en la Iglesia desde los tiempos apostólicos, viendo determinados pasajes como prefiguración de lo que acaece en el Nuevo, se le aplica a María, sede de la sabiduría verdadera y maestra de toda sabiduría verdadera, que es Cristo, lo que se dice sobre la sabiduría creadora en Proverbios 8:22-31. San Ambrosio, Arzobispo de Milán, en su Comentario sobre San Lucas (IV, 7) escribe: "[.] de la tierra virgen nació Adán; de una Virgen, Cristo. Adán era conforme a la imagen de Dios; Cristo es la imagen de Dios. De la mujer salió la locura; de la Virgen la sabiduría [.]" La relación entre la sabiduría y la Virgen se nota principalmente en la liturgia de la Iglesia que en múltiples festividades marianas se leen textos sapienciales.

Causa de nuestra alegría

María es causa de la alegría del mundo porque, gracias a su entrega a Dios, nos dio al Salvador. La alegría en la vida del ser humano es muy importante, pues es un estado que proporciona felicidad y paz. Aristóteles decía que no se puede vivir mucho tiempo sin alegría. Y el Eclesiástico (30:21-25) es más explícito en esta idea, ya que detalla los estados de ánimo, tanto con alegría como sin ella, desde un punto de vista existencial: "No te dejes llevar por la tristeza, ni dejes que tus pensamientos te atormenten. Un corazón alegre es la vida del hombre, y la alegría alarga la vida. Sosiega tu espíritu, y consulta tu corazón; aleja de ti la tristeza, porque la tristeza ha perdido a muchos, y ningún provecho se saca de ella. La envidia y la ira abrevian los días, y las preocupaciones hacen envejecer antes de tiempo. El corazón radiante tiene buen apetito: le aprovecha todo lo que come".

El 9 de mayo de 1975, el papa Pablo VI escribió la encíclica Sobre la alegría cristiana. En la primera parte (5-15) expone la necesidad de la alegría en todos los seres humanos, pero la idea principal es que Jesús es la alegría del cristiano. El Domingo de Ramos del año 2013, el papa Francisco dijo a todos los fieles: "La nuestra es una alegría que no nace por tener muchas cosas, sino que nace por haber encontrado a una persona: Jesús">

El cristianismo, por consiguiente, fundamenta su alegría en el Salvador, por eso san Pablo aconseja a los filipenses en su carta (4:4): "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres." Insiste en la alegría porque Jesús afirma que quien permanece en su amor está alegre y que eso es la perfecta alegría (Juan 15:10-11). Más adelante vuelve a insistir en esta alegría perfecta que nadie puede quitarla (Juan 16: 22, 24). Cuando el ángel anuncia a María que será la Madre del Salvador le dice: "Alégrate, llena de gracia" (Lucas 1:28) y los ángeles le dicen a los pastores que Jesús será una alegría para todo el pueblo (Lucas 2:10).

La fuente de la alegría, pues, es Cristo. Si decimos que María es causa de nuestra alegría es porque en ella se refleja la alegría de Cristo para todos los seres humanos. María está llena de Dios, por eso rebosa alegría, fijémonos en el Magníficat que todo él es un canto de alegría (Lucas 1:47-55). En el Akáthistos le decimos a María: "Salve, María, por ti resplandece la dicha. /Salve, por ti se eclipsa la pena. / Salve, por ti, con los cielos, se alegra la tierra">

Vaso espiritual

El relato yahvista presenta a Dios como un alfarero que forma del barro al ser humano (Génesis 2:7). San Pablo, hablando sobre el ministerio apostólico, alude simbólicamente al ser humano como un vaso de barro: "Pero llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y que no viene de nosotros" (2Corintios 4:7). Esta misma idea la repite: "Para dar a conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia [.], a saber, nosotros" (Romanos 9: 23-24). También habla de "vaso de elección" (2Timoteo 2:21), así como de vasos de misericordia y de destrucción (Romanos 8: 21-23).

Santo Tomás de Aquino, en la Introducción a su Comentario a la epístola a los Romanos, explica que: "En la Sagrada Escritura encontramos hombres comparados con vasos por cuatro cosas: por su constitución, por lo colmado [lo que contiene], por el uso y por el fruto". Y lo explica en la persona de san Pablo. Esto mismo podemos aplicárselo a la Virgen Santísima: Por su constitución, el vaso está sujeto a la voluntad del artesano, en este caso, Dios, y María es la esclava del Señor (Lucas 1:38). Por lo que contiene el vaso: María es la Madre del Salvador, tiene, pues, en sus purísimas entrañas a Jesús, el Salvador del Mundo (Lucas 1:31). Por el uso o a lo que está destinado: María está destinada a ser la Madre de nuestro Salvador (Mateo 1:21). Por el fruto: María nos ha regalado el fruto más preciado que es Jesús. Por lo tanto, al referirse las letanías a vaso equivale a una persona. Al decir, pues, "Vaso espiritual", se está recalcando la maternidad de María y su obediencia a Dios. Recordemos también, que en el Calvario, Cristo nos la entregó como Madre espiritual a todos los seres humanos.

San Germán de Constantinopla (635-732) en uno de sus dos sermones Sobre la dormición de Nuestra Señora habla de la asunción corporal y la realeza de la Madre de Dios. Señala que la corrupción no podía quebrar el vaso de la divinidad, que es María, ni su cuerpo virginal: "¿Cómo podría la descomposición de tu carne convertirse en polvo y ceniza, si tú labraste al hombre de la ruina de la muerte por la encarnación de tu Hijo? Es inadmisible que tú, el vaso que había sido el receptáculo de Dios, te disolvieras por descomposición en el polvo de un cadáver putrefacto".

Vaso digno de honor

O sea, vaso honorable, que se le rinde honor porque ella tiene la altísima dignidad de ser la Madre del Salvador. Precisamente de este hecho emanan sus prerrogativas. No podemos olvidar que la Iglesia siempre ha señalado que el culto y la veneración a María se le da por ser la mujer escogida por Dios para que el Verbo se hiciera hombre. No podemos honrar al Hijo sin honrar a la Madre. El presbítero J. Rafael Faría, en su Curso superior de religión, explica: "La más alta dignidad, pues en razón de su maternidad divina tiene estrechas relaciones con las divinas Personas: con el Padre, que en cierto modo le comunicó la dignidad de engendrar al Verbo; con el Hijo, al que dio su humanidad; y con el Espíritu Santo, de quien recibió santísima fecundidad." Y añade que: "Sus más excelentes privilegios, porque su título de Madre de Dios es la causa de su Inmaculada Concepción, su virginidad perpetua, su asunción al cielo y la plenitud de gracia">

Vaso insigne de devoción

El adjetivo "insigne" significa célebre, famoso. Y el vocablo "devoción" es sinónimo de amor, veneración y fervor religioso. El Diccionario también le da el significado de: "Prontitud con que uno está dispuesto a hacer la Santa voluntad de Dios." María se declaró "La esclava del Señor" (Lucas 1:38), su vida fue una entrega total al Altísimo. ¿Habrá alguien que se haya entregado a Dios más que ella?

Hay un detalle que la inmensa mayoría pasa por alto, no sólo el que ella fue quien dio a luz, sino quien educó al Redentor de la humanidad. Romano Guardini (1885-1968), uno de los teólogos más influyente del siglo XX, en su libro La madre del Señor, llama la atención sobre este particular: "La Encarnación del Hijo de Dios había de realizarse mediante María. Pero eso no significaba sólo algo físico, sino también, o mejor dicho, ante todo, algo personalmente religioso. María no sólo había de parir al Hijo de Dios, sino que había de hacerse su Madre, lo cual debía ser aceptado por ella en libertad. Una concepción en el cuerpo sin concepción en el espíritu no solamente no hubiese tenido sentido, sino que hubiera sido terrible, y no es posible que la redención de la Humanidad destruyera a la Primera que participó en ella".

Por su dignidad, por consiguiente, María es merecedora de una devoción muy especial. Nuestra devoción por ella se debe no sólo porque es la Madre del Redentor, sino porque ella es también Madre de nosotros y siempre nos cuida.

Dr.Roberto Fernández Valledor

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