REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

9.- COMENTARIOS A LAS LETANÍAS (Sexta Parte)

VI.- A continuación se presentan una serie de símbolos bíblicos que se le adjudican a María: templo, arca, fuente, estrella, casa. Los Santos Padres en su lectura tipológica de la Biblia comenzaron hacer esta lectura, luego que los Apóstoles vieron cómo ya en el Antiguo Testamento se hablaba de Cristo. Esos títulos marianos llenos de símbolos, prevalentemente bíblicos, también están tomados de la naturaleza, de las flores y la astronomía.

Rosa Mística

La mística es la parte de la teología que trata sobre la vida espiritual y contemplativa. Comúnmente se le llama mística, en el lenguaje común, a una persona espiritual; o sea, que se ocupa de las cosas espirituales. La rosa se considera la reina de todas las flores por su belleza y su fragancia. Al aplicárselo a María tiene varios significados. Alude a su nacimiento sin mancha, porque ella es la rosa nacida sin la espina del pecado original. San Ambrosio compara la encarnación y el nacimiento del Mesías con el de un perfume: "El ungüento de la gracia exhaló su aroma desde que la Virgen engendró y el Señor Jesús asumió el misterio de la Encarnación [.]" Por eso san Alfonso María de Ligorio indica que: "San Ambrosio compara el nombre de María a un ungüento o perfume precioso el cual llena de aroma y suave olor el ambiente espiritual donde se vive y va penetrando llevando provecho espiritual hasta lo más profundo del alma y ayuda a conservar la gracia o a recobrarla si se había perdido".

Un autor del siglo V, escribió: "Como del arbusto espinoso sale una flor sin espina, así del arbusto espinoso de la humanidad sale una rosa única, jamás vista: María, la Madre de Dios, por su grande y amor a Dios encontró la complacencia del Altísimo, ella era la digna Madre del Redentor." Como virgen porque de ella salió Cristo como milagroso perfume. Y como Madre porque así como la flor nos regala su perfume, María nos regala a su hijo como Salvador.

San Luis María Grignon de Monfort (1673-1716), en su Tratado de la verdadera devoción a la Virgen Santísima, dice sobre el particular: "Como la rosa es la más bella de las flores, así María es la más bella de las mujeres." En el himno oriental Akáthistos se le canta a María: "¡Salve, oh Esposa de Dios, que engendraste al Sembrador de la Humanidad! La Vara Mística en donde florece la Flor Inmaculada". También le dice: "Salve, oh Recipiente del Divino e Inagotable Perfume derramado sobre Ti". "Salve, fragancia de Ungüento de Cristo".

Torre de David

Antiguamente en las ciudades se construían murallas para protegerlas de los ataques de los enemigos. Era necesario, entonces, fabricar unas torres para divisar a los enemigos y organizar la defensa. Estas torres se caracterizaban por ser la edificación más alta y la de mayor fortaleza, a la cual solían ponerles ciertos nombres para distinguirlas. La torre de David está en una antigua ciudadela de la ciudad vieja de Jerusalén, junto a la puerta de Jaffa. Herodes el Grande, hacia los años 37 al 34 antes de Cristo, ordenó construir tres torres para asegurar la muralla noroeste de Jerusalén, el punto más desprotegido de la ciudad. Las mismas estaban situadas donde las ruinas arqueológicas de la llamada Torre de David.

Al comparar a María con la torre de David se está proclamando que ella es firme defensa contra los enemigos del alma. No podemos olvidar que David fue el rey por antonomasia para el pueblo de Israel. De María se puede decir lo que afirma el Cantar de los Cantares (4:4): "Tú eres como la Torre de David de la cual penden mil escudos para defenderse." A este pasaje se le han dado dos interpretaciones. Una que describe el cuello de la amada y los escudos son las prendas que la adornan. La otra que los escudos representan la cantidad de guerreros dispuestos a defiender la fortaleza.

No perdamos de vista que la torre se asocia a fortaleza, por eso la Iglesia primitiva vio en María las características de la mujer fuerte del libro de los Proverbios (31:10-31). Ella lo demostró en su camino a Egipto para proteger al Hijo y en la calle de la Amargura hacia el Gólgota para darle fuerzas y consuelo al Hijo clavado en la cruz. San Alfonso María de Ligorio dice sobre María: "Ella es para los que la imploran su protección en las batallas espirituales como una fortaleza provista de mil defensas, en la cual hallan sus devotos toda clase de escudos y de armas para defenderse de los enemigos del alma">

Torre de marfil

En el Cantar de los Cantares (7:5) cuando se describe a la amada dice: "Tu cuello, como torre de marfil". El marfil no sólo es un elemento valioso, también es bello. Su color blanco nos hace pensar en belleza y pureza. Al aplicárselo a María, se resalta la belleza espiritual que Dios la dotó al ser morada del Verbo y su pureza al ser madre y virgen. San Pío X (1903-1914), en la encíclica Ad diem illum laetissimum de 1904 expone: "Pero María, como lo hace observar acertadamente San Bernardo, 'es acueducto' o, si se quiere, el cuello por medio del cual el cuerpo se une con la cabeza transmite a todo el cuerpo su eficacia y sus influencias. Sí, dice San Bernardino de Sena: Ella es el cuello de nuestra cabeza por el cual se comunican a su Cuerpo Místico todos los dones espirituales".

Asimismo, San Antonio María Claret (1807-1870) explica sobre el particular: "La razón es muy clara. Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos que son sus miembros vivos." Casa de oro. Salomón revistió el interior del templo de oro puro. Puso cadenas de oro a lo largo del frente del santuario interior y lo revistió de oro (1Reyes 6:21) porque era el templo de Yahvéh. También el Arca fue revestida de oro (2Crónicas 2:7; 1Reyes 7:18-19) porque guardaba las tablas de la Ley. María es Casa de Oro, más que el templo y el arca, porque en su interior fue concebido el Redentor.

Según se puede apreciar, el nombre de Cristo está inseparablemente unido al de María, ya que ella había de ser su madre, según los planes eternos de Dios. San Pablo habla de que somos santuarios de Dios y que el Espíritu de Dios habita en nosotros, por consiguiente, somos sagrados (1Corintios 3:16-17). Si esto es así, cuánto más María que, además de eso, fue tabernáculo del Altísimo al tener en su seno al Verbo humanado.

Arca de la Alianza

El Arca representaba la presencia espiritual de Dios en la tierra. Ella contenía la palabra escrita de Dios (Deuteronomio 10:5). María contenía en su vientre al Verbo de Dios hecho carne (Juan 1:1). La Ley de la Antigua Alianza entre Dios y el pueblo (Éxodo 19:3-15) eran las tablas de los mandamientos que se conservaban en el arca. La Nueva Alianza es Cristo el Redentor, ya que es el mediador de la Nueva Alianza (1Corintios 11:23-26). Jesucristo es el Verbo de Dios hecho carne (Juan 1:1), por lo tanto, así como el Arca contenía la palabra escrita de Dios, María contiene la Palabra viviente de Dios hecha carne. Por eso dice san Bernardo: "María es como en tiempos de Noé, un Arca de Salvación, que salva a cuantos se refugian en ella." En el himno Akáthistos se le canta a María: "¡Salve, oh tienda del Verbo divino!, ¡Salve, más grande que el gran Santuario!, ¡Salve, oh Arca que el Espíritu dora!"

Puerta del cielo

María es la puerta que atravesó Cristo para darnos la salvación. Los Padres de la Iglesia vieron en la puerta que describe el profeta Ezequiel (43:1-7; 44:1-2) una figura de María. El Señor entró en ese santuario sin abrir la puerta y ordenó que nunca se abriera. María es esa puerta por la que Dios entró al santuario y tomó carne. Me parece que el himno Akáthistos nos explica muy bien esta alabanza a la Virgen: "¡Salve, por ti, Dios abrió el Paraíso!, ¡Salve, oh Puerta Única que sólo el Verbo Unigénito de Dios atravesó!, ¡Salve, pues, con tu Alumbramiento derribaste las puertas y barreras del Hades!, ¡Salve, oh Llave de las Puertas del Paraíso!"

En el siglo XIII, el destacado teólogo, san Alberto Magno, escribió: "La Virgen bienaventurada se llama con propiedad Puerta del Cielo, porque por ella entra todo lo bueno que baja del cielo a la tierra." Una antífona del Oficio de la Virgen proclama: "Por Eva se cerraron a los hombres las puertas del paraíso y por María Virgen se han vuelto a abrir a todos." En el siglo VIII, san Juan Damasceno, Obispo y Doctor de la Iglesia, escribió en uno de sus sermones sobre La Dormición de la Bienaventurada María Virgen: "Tú eres el puente que conduce a la vida y la escala que lleva al cielo, oh Inmaculada".

A la Santísima Virgen también se le ha comparado con una escalera para alcanzar el cielo mediante el perdón de los pecados. San Bernardo dice que María es "[.] escalera para que los pecadores suban hacia el perdón de Dios." Y un antiquísimo pensamiento medieval sostiene que: "La humildad de María fue la escalera por la cual Dios descendió al mundo a salvarnos".

Estrella de la mañana

Antes de salir el sol, se puede ver una estrella que, por ser más brillante que las demás, permanece durante el alba. Es la única estrella que resiste el sol del alba y lo anuncia. Las sombras de la noche huyen al momento en que dicha estrella aparece anunciando el nacimiento del sol. Cristo es el Sol que trae la salvación y María anuncia con su maternidad divina el nacimiento del Sol redentor. El papa Inocencio III (1198-1216) explica: "Así como la aparición de la Aurora es el anuncio de que se acaba la noche y principia el día, así la llegada de la Virgen María fue el anuncio de que se terminaba una era de pecado y empezaba una era de gracia de Dios." En el Akáthistos, se canta: "¡Salve, oh Estrella sin ocaso, que trajo al Gran Sol del Mundo!".

Del siglo VIII es el famoso himno mariano Ave Maris Stella (Salve Estrella del Mar) que canta la grandeza de la Virgen. Su primera estrofa dice: "Salve, Estrella del mar, Santa Madre de Dios y siempre Virgen, feliz Puerta del cielo." Santo Tomás de Aquino explica que la Iglesia llama a María: "Estrella del Mar, porque así como los navegantes logran llegar al puerto guiados por la estrella del norte, así los cristianos si son guiados por María lograrán llegar al Paraíso Celestial." En una de las oraciones del antiquísimo Oficio de la Virgen se pide: "Oh Sol de justicia, a quien la Virgen inmaculada precedía cual aurora luciente, haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu justicia." Por eso san Bernardo escribe: "Si se oculta el sol, la tierra se llena de tinieblas. Si María, la Estrella de la Mar, deja de alumbrar tu alma, la oscuridad te envolverá".

Dr.Roberto Fernández Valledor

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