REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

XII. Conclusión y Consideraciones Finales

XII.- Concluyen las letanías en una triple invocación cristológica, dirigidas al Cordero de Dios implorando: perdón, ser escuchado y misericordia. Esta invocación que se dice tres veces en la Misa antes del saludo de la paz está inspirada en las palabras de san Juan Bautista cuando vio pasar a Jesús y se lo señaló a sus discípulos: "He ahí el Cordero de Dios, he ahí el que quita los pecados del mundo" (Juan 1:29, 36).

El Bautista se inspiró en los profetas que identificaron al Mesías con el cordero que se ofrecía para el perdón de los pecados (Levítico, capítulos 4 y 5). En ese libro se habla de ganado mayor, como toros, y ganado menor, como corderos, para el sacrificio ritual en el templo. El animal servía como víctima propiciatoria por las faltas y pecados del pueblo. Antes del sacrificio, el sacerdote imponía sus manos sobre la víctima para bendecirla y traspasarle simbólicamente los pecados del pueblo oferente. San Juan se vale del símbolo del cordero para aplicárselo al Mesías, debido a la actitud de este animal ante la muerte, ya que se somete a ella sin rebelarse. Pero especialmente porque Jesús murió por los pecados de toda la humanidad, como señala san Pablo (1Corintios 15:3).

Cristo es el Cordero Pascual que muere por nuestros pecados. Él es el único sacrificio agradable al Padre. Por eso san Pablo escribe: "Nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado" (1Corintios 5:7) y san Juan, que presenció la escena cuando el Bautista llama a Jesús el Cordero de Dios, habla del triunfo del "Cordero degollado" (Apocalipsis 5:7-14). Siglos antes, los profetas lo habían descrito "como un cordero llevado al matadero" (Isaías 53:7) y como "cordero manso llevado al matadero" (Jeremías 11:19). Esta parte, por consiguiente, es una aclamación cristológica resaltando la divinidad de Cristo y la redención del ser humano.

Consideraciones finales

Todas las alabanzas marianas que se presentan en las letanías tienen como objetivo resaltar la maternidad divina de María, lo cual resulta ser una exaltación al Verbo encarnado. Esto se debe a que el desarrollo de la fe mariana está estrechamente vinculado al desarrollo de la fe en Cristo, según se aprecia en la doctrina emanada de los primeros concilios de la Iglesia y de los Santos Padres. Como advierte Michael Schmaus: "El destino y curso de su vida [de María] están marcados por Cristo." Precisamente en dicha maternidad tienen su origen los privilegios de su perpetua virginidad, su inmaculada concepción y su asunción a los cielos.

Las letanías realmente constituyen unas reflexiones teológicas tomadas de las Sagradas Escrituras y de símbolos naturales que los Padres de la Iglesia han ido desarrollando a través de los siglos. Esta creencia secular de la Iglesia es transmitida al pueblo mediante estas breves y sencillas invocaciones, que encierran todo un tratado teológico sobre nuestra fe y el papel que juega en ella la Santa Madre de Dios. Vienen siendo, como alguien ha dicho, una síntesis de la teología mariana. Si uno se fija, todas ellas se resumen en dos ideas claves: Unas alabanzas a la Santísima Trinidad, resaltando al Cristo Redentor, y una exaltación a María por ser la Madre del Salvador, a la que se proclama reina y virgen.

Dr.Roberto Fernández Valledor

Moca, Puerto Rico, en la festividad de Nuestra Señora del Rosario 2016

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