REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

2. LAS LETANÍAS EN LA LITURGIA

Este tipo de oración es muy antigua, pues ya encontramos vestigios de ella en los salmos y otros libros del Antiguo Testamento. Entre otros ejemplos, véase el estribillo litánico del Salmo 118: porque es eterno su amor y en el nombre de Yahvéh los cercene.; más aún el Salmo 136 que todo él es una letanía de acción de gracias a Dios, o bien el Cántico de los tres jóvenes en el horno (Daniel 3: 52-90).

También encontramos reminiscencias de ella en los escritos de los Padres Apostólicos, aquéllos que fueron discípulos de los Apóstoles, por ejemplo en la oración de san Clemente Romano, el cuarto papa de la Iglesia (89-97), en la Didaché o La enseñanza de los doce apóstoles, obra de la segunda mitad del siglo primero. Asimismo, en muchos de los Padres de la Iglesia.

Algunos estudiosos de la Patrología entienden que esto se debe a la petición de san Pablo: "Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Timoteo 2:1-3).

Las letanías eran súplicas dialogadas entre el sacerdote o el diácono y el pueblo. Se rezaban en la celebración eucarística. Reminiscencia de dichas súplicas queda en los Kyrie eleison de nuestra Misa. El padre Antonio Rubinos, sj, en su Catecismo histórico-litúrgico de la Misa explica que: "Los Kyries son restos venerables de una de las más populares y antiguas formas de la oración cristiana, de la oración llamada litánica, o súplica dialogada entre el clero y el pueblo" (Núm. 162-164).

Estas oraciones se rezaban o cantaban en el trayecto de una Iglesia hacia la Basílica estacional en Roma, donde se iba a celebrar la Eucaristía. Al suprimirse la procesión a la Basílica estacional, el papa san Gregorio, el Grande (590-604), a fines del siglo VI, las redujo a nueve: tres al Padre, tres al Hijo y tres al Espíritu Santo. Se conservaron en griego porque esa era la lengua litúrgica de los tres primeros siglos de la Iglesia.

En la liturgia de la Iglesia Oriental, además de otros oficios litúrgicos, se usa un tipo de oración litánica al final de la primera parte de la Eucaristía. Es una especie de oración de los fieles en las cuales el diácono hace la petición y el pueblo responde: Kyrie eleison.

La monja Egeria, del siglo IV, ha dejado un valioso testimonio de ello en su Itinerarium ad Loca Santa (Itinerario o Peregrinación a los Santos Lugares). En la segunda parte de la obra, describe una letanía diaconal en la celebración del lucernario en la Iglesia de Jerusalén. Indica que a la hora décima que ellos llaman "lycinicon" y nosotros lucernario u hora de las vísperas, el pueblo se reúne en la Anástasis y, después de los himnos y las antífonas, el diácono hace las invocaciones a las que el pueblo responde: Kyrie eleison, "como nosotros decimos: miserere nobis" (XXIV: 4-6).

Desde el siglo III en la Iglesia Oriental se invocaba a María en una oración litánica invocándola de tres formas: como Santa, como Madre de Dios y como Virgen. A ésta le siguieron una serie de reflexiones teológicas de los Padres Orientales sobre María que se van añadiendo a dichas invocaciones. Esto culminaría con el himno Akáthistos, el poema más célebre que la Iglesia Oriental canta en honor a la Madre de Dios.

El Arcipreste Ignacio Sahade en El Akáthistos, himno de alabanza a la Santísima Madre de Dios explica que el mismo se considera una obra maestra, tanto de la liturgia como de la teología bizantina, y se le atribuye a san Germán de Constantinopla (635-732) en el siglo VII. Si bien otros autores entienden que se compuso antes.

Dr.Roberto Fernández Valledor

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