REFLEXIONES SOBRE
LAS LETANÍAS LAURETANAS

3.- LETANÍAS A MARÍA

Del siglo VI son las Litaniae Sanctorum (Letanías de los Santos), producto de la fusión de una serie de invocaciones y peticiones, ya existentes e independientes, tanto a Cristo como a los santos. A estas letanías paulatinamente se le fueron incorporando otras invocaciones a la Virgen.

Distintos códigos, de diferentes siglos, muestran formularios de letanías de los santos a las que se les han añadido un mayor número de invocaciones a la Virgen. En el libro Súplicas letánicas a Santa María de la Orden de los Siervos de María (Roma, 1987) se muestran ejemplos de dichos formularios y se concluye que las letanías de la Virgen se deben a "un proceso de marianización de las Litaniae Santorum".

Asimismo, el que las Letanías de la Virgen son ciertamente deudoras tanto de las Laudes Virginis como del célebre himno Akáthistos. En Occidente este hermoso himno se vuelve importante, gracias a la versión latina realizada por Cristóforo, Obispo de Venecia, a finales del siglo VIII o principios del IX.

En la Iglesia Latina se consideraban las Letanías más antiguas a María las encontradas en un códice de Maguncia de finales del siglo XII: Letania de Domina Nostra Dei generatrice Virgine Maria. Ora valde bona, cotidie pro quacumque tribulatione dicenda est (Letanías de Nuestra Señora, la Virgen María, Madre de Dios. Es buena oración diaria para cualquier tribulación).

Sin embargo, en la citada obra Súplicas letánicas a Santa María se explica que: "Un manuscrito parisino de finales del siglo XII y un códice de Padua que contiene un Procesional del siglo XIV, constituyen los más antiguos testimonios de aquel tipo de letanías marianas que, por el éxito que tuvieron en el santuario de Loreto, recibirán, poco después, el apelativo de Letanías lauretanas".

Con la bula "Reddituri" del año 1587, el papa Sixto V (1585-1590) aprobó las letanías lauretanas para toda la Iglesia. A través de los siglos, las letanías fueron multiplicándose, al punto que en el santuario de Nuestra Señora de Loreto eran tantas que se tenían unas para cada día de la semana.

El 6 de septiembre de 1601 el papa Clemente VIII (1592-1605), mediante el decreto Quoniam multi prohibió todas las letanías que existían, con excepción de las incluidas en los Misales y el Brevario. Además, señaló que sólo se podían usar para el culto público mariano las "Letanías de la Santa Casa de Loreto".

El propósito de esta acción era velar que no se incorporaran herejías en dichas invocaciones. No perdamos de vista que, en múltiples ocasiones, se introdujeron desviaciones teológicas a través de la liturgia y las devociones populares. El Papa, pues, prescribe unas letanías autorizadas por el magisterio para evitar cualquier error teológico. Debemos tener muy presente que la liturgia es teología vivencial, pues en ella se expresa lo que creemos. Muchos fieles no le dan importancia a la liturgia, porque no están conscientes de que a través de toda ella estamos viviendo la secular fe de la Iglesia.

Dr.Roberto Fernández Valledor

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