¿QUÉ ES UN MILAGRO?

Hablamos de milagro ante un hecho que necesita de la especial intervención de Dios, ya que sobrepasa los límites del orden natural.

Dicho en otras palabras, el milagro es un acontecimiento inexplicable ante el que no nos queda otro remedio que invocar lo sobrenatural.

Supongamos que hay un paralítico que nunca ha podido caminar y alguien le dice: "Levántate y anda" y esa persona obedece, se pone de pie y camina, no por un momento, sino que se mantiene después libre de las trabas que antes le impedían andar libremente. Aquí estamos ante la presencia de un milagro.

Ahora, si a este paralítico lo llevan a un especialista que ha logrado desarrollar una técnica quirúrgica avanzada y éste, por medio de una delicada y laboriosa intervención le devuelve la facultad de caminar, no tenemos milagro, sino el triunfo de la inteligencia del hombre.

Los milagros no son un camino ordinario. Lo normal es que los acontecimientos se desarrollen de forma natural, siguiendo las leyes que el mismo Dios puso para su desenvolvimiento.

Pero en ocasiones especiales, por pura dignación suya, y como signo de su poder y también de su amor para los que en El ponen su confianza, Dios realiza obras maravillosas, como muchas de las que se nos narran en las páginas de la Escritura.

El ser humano, con todo, ha confundido, con suma frecuencia, los límites del mundo natural y del sobrenatural. Esto ha permitido que se hable de milagros donde solo se ha producido un hecho raro, si se quiere, pero perfectamente explicable.

Lo que ocurre es que el hombre no siempre ha dispuesto de la explicación correcta a causa de su ignorancia personal o colectiva.

Esto le llevó a atribuir a fuerzas sobrenaturales lo que constituia parte de la Naturaleza. Cuando los primitivos eran testigos de un ciclón, un terremoto, o una tormenta de rayos y truenos, por poner ejemplos, pensaban que los dioses estaban enfurecidos y trataban de aplacarlos con sacrificios.

Cuando los hería una enfermedad consideraban que algún espíritu malo se había posesionado de una parte de su cuerpo, por lo que era necesario expulsarlo con ritos y oraciones.

Por esta razón en todos los pueblos primitivos ha ocupado un lugar importante el brujo o hechicero, quien hacía posible que todo lo extraño tuviera su explicación y solución.

El ser humano fue poco a poco aprendiendo y se fue dando cuenta de que Dios ha dado leyes maravillosas que regulan la Naturaleza. Así se ha podido descubrir, con mucho esfuerzo y después de mucho tiempo, que cada hecho tiene una causa y que, en general, se puede encontrar una explicacion natural para todo.

El que estas explicaciones no puedan ser comprendidas por todos es otra cosa, pues el progreso científico de la humanidad no ha sido parejo, y mientras hay personas con una amplia cultura, hay muchos que, por las razones que sean, se encuentran tan atrasados en algunos aspectos del conocimiento como los que vivieron hace miles de años.

Para todos ellos las cosas siguen funcionando igual. Su mentalidad es mágica y recurren constantemente a lo maravilloso para explicar los fenómenos raros que ocurren.

Por eso no se ha podido desterrar la figura del brujo o hechicero, aunque hoy se le llame curandero, astrólogo, medium, espiritista, gurú, o lo que sea.

Ya hoy existe una ciencia, la parasicología, dedicada a encontrar explicación a lo que parece no tenerla, y se ha podido descubrir que la mente humana tiene un poder extraordinario, causa real de muchos fenómenos aparentemente inexplicables.

?Por supuesto que ningún progreso de la ciencia es capaz de anular el poder de Dios y la autenticidad de los verdaderos milagros. Para un cristiano, y también para otros creyentes, no hay duda alguno de que éstos existen. No solo tenemos el testimonio de los evangelios sino de miles de años de historia.

Conviene, sin embargo, que no caigamos en confusión, pues muchas personas llenas de buena fe, pero ignorantes, hablan de milagros donde solo hay casos raros. Lo ordinario es que Dios sea el primero en respetar las sabias leyes que dio para el recto orden de la Naturaleza.

La Iglesia en esto siempre ha sido muy cuidadosa, para no crear mayores confusiones, por lo que no aprueba fácilmente milagros o apariciones.

De todos modos podemos y hasta debemos pedir con confianza que se produzcan los milagros. Dios sabrá, en última instancia, lo que más conviene. Es el propio Jesús quien nos invita a pedir con confianza e insistencia, sabiendo que nuestro Padre nos dará todo lo que necesitemos en orden a nuestra eterna salvación.

Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuanto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! (Mateo 7,11).

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